Luis del Val: "José María Aldaya no murió a los 80, lo hizo a los 79 ya que ETA lo secuestró 341 días"
"José María Aldaya no murió a los 80, lo hizo a los 79 ya que ETA lo secuestró durante 341 días"
Madrid - Publicado el - Actualizado
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Hace un par de días falleció el empresario vasco José María Aldaya. Dijeron que a la edad de ochenta años, pero yo creo que es una equivocación, porque Aldaya se puede decir que murió a los 79 años, ya que ETA lo secuestró durante 341 días. Imagínese usted que le ponen una capucha sobre la cabeza, lo meten en un coche, lo sacan de allí, y cuando le quitan la capucha está ante un par de tíos encapuchados, dentro de un zulo que tiene 1,90 metros de altura y unos cuatro metros cuadrados.
Los encapuchados se van y se queda solo. No hay ventanas, claro; una colchoneta en el suelo, y un vaso de porcelana para sus necesidades fisiológicas. Imagínese que lo secuestran hoy mismo, y no lo sueltan hasta las vísperas del Día de la Constitución en diciembre del año que viene.
Pero usted no sabe qué fecha es, porque la noción del tiempo se pierde en el zulo, y allí ni siquiera se es consciente de si es de día o es de noche. A José María Aldaya le pidieron mil millones de pesetas que no tenía, porque se negaba a entregar, voluntariamente, a los asesinos de ETA, dinero para que compraran más pistolas y más bombas para asesinar a empresarios como él. Por eso digo que murió a los 79 años, por la tortura que sufrió durante 341 días, que le dejaron secuelas profundas en el cuerpo y en la mente.
A algunos de estos torturadores y asesinos les van a rendir un homenaje de admiración mañana en Mondragón. Un secuestrador con carnet, Otegi, dijo que no se iban a hacer más homenajes a los asesinos -bueno para él son valientes gudaris- pero se siguen celebrando estos aquelarres repugnantes donde se exalta la tortura y el asesinato.
El subdelegado del Gobierno en Guipuzcoa es Guillermo Echenique y podría prohibir el acto, pero todo indica que no lo va a hacer. Si no lo prohíbe se puede deber a dos razones: o bien está de acuerdo en que se exalte públicamente a los criminales, o bien obedece al mando, se traga sus convicciones y es cómplice de un acto deshonroso y denigrante.
A José María Aldaya le dieron sepultura hace unas horas. Y allí puede que se revuelva mañana, cuando se rinda homenaje a los que secuestran, a los que torturan, a los que matan. Porque estos hijos de la Gran Ruta, la Gran Ruta del Crimen, ni siquiera dejan en paz a sus víctimas, cuando ya están en la tumba.