"Pues ya nos quedamos mucho más tranquilos al coger un tren si, cumpliendo todos los protocolos, puedes matarte igual"

Jorge Bustos analiza las explicaciones del presidente del Gobierno sobre el accidente de Adamuz

- 5 min lectura

Los que tenemos ya alguna experiencia en esta clase de comparecencias, me refiero a las comparecencias que vienen motivadas por algún escándalo o una desgracia que señala directamente al Gobierno, nos sabemos de memoria el guion que va a seguir el presidente. Pasó con el pleno sobre el caso Koldo Ábalos y Cerdán, pasó con el pleno sobre el apagón y pasó ayer con el pleno sobre el accidente de Adamuz.   

Primero Pedro sube a la tribuna con gesto compungido empieza a hablar en tono suave, casi entre susurros, fingiendo que no ha dormido ni comido, pensando en los damnificados de turno. Promete investigar a fondo lo sucedido y, si procede, promete depurar las responsabilidades y poner todos los medios para que no vuelva a pasar. Pero al mismo tiempo que va soltando estas frases de falsa empatía, el presidente desliza que en realidad no ha pasado nada grave y que si ocurre algo realmente grave en España es culpa de la oposición. Y entonces sube a la tribuna líder de la oposición y critica las incongruencias del gobierno como su deber. Y ahí ya Pedro se quita la careta, ahí se calza las botas de pocero y se mete en el barro hasta las ingles. Se ríe de Feijóo, insulta a los periódicos y a los periodistas con nombre y apellidos. Se remonta a los tiempos de Fraga o de Aznar o de Rajoy para hacer oposición a la oposición y luego ya al final de todo vuelve a bajar el tono para su aplicar piedad y comprensión a Bildu, a Junts y a Podemos.

Este esquema lleva años repitiéndose, años. Pero cuando hay 47 muertos por culpa de negligencias graves de su ministerio en el mantenimiento de las infraestructuras ferroviarias, el truco ya no tiene ninguna gracia. Y menos gracia tiene decirles a las víctimas, como volvió a decirles ayer Pedro Sánchez, que su desgracia fue inevitable.

O sea, que el descarrilamiento de trenes es inevitable porque ya se sabe que ahora con esto del cambio climático es que llueve mucho y, como tenemos muchos kilómetros de vías porque somos los mejores del mundo, pues es complicado mantenerlos todos en buen estado. Alguno se nos tiene que escapar o algunos miles. ¿Pero de verdad que este es el argumento de la Moncloa? Pero, ¿quién le escribe estas cosas al presidente del gobierno? Que baje el chupatintas alienado que ha escrito eso y que vaya a decírselo a la cara a Liliana, a la hija de Nati, esa mujer admirable que pronunció el discurso conmovedor en la misa funeral de Huelva. Que vaya, que vaya ese asesor o esa manada de asesores y le diga a Liliana, "mira, tu madre está muerta porque estas cosas pasan. Es inevitable, ¿sabes? Así que no te quejes tanto. Y si te quejas, no te quejes del ministerio podrido de Koldo, Ábalos y Puente. Quéjate del cambio climático”.

Pero hay algo peor que un dirigente genéticamente inmaduro, incapaz de asumir su responsabilidad, y es cuando intenta parecer responsable y lo empeora.

“Me parece también importante, igual de importante, no desinformar a la sociedad ni generar miedo diciendo que nuestro sistema ferroviario es decadente o inseguro, porque sencillamente eso no es cierto”.

¿Quién genera más desinformación, Pedro? El periódico que destapó la rotura de la vía o que reveló que la renovación no había sido integral o el ministro que lo negó todo hasta que terminó rindiéndose a la evidencia técnica unos días después. ¿Quién genera más incertidumbre, Pedro? ¿Los usuarios que subían a sus redes los vídeos de las vibraciones de su vagón y los maquinistas que avisaron meses antes o el gobierno que decide rebajar drásticamente la velocidad solo después de que hayan muerto 47 viajeros? ¿Quién genera inseguridad y desconfianza? ¿El que tiene que ir a la huelga para denunciar la inseguridad por la falta de mantenimiento o el que cede a esa necesidad de mayor gasto después de haberla negado? ¿Quién contribuye al caos? Dínoslo tú, Pedro.

“La vía cumplía rigurosamente todos los protocolos de mantenimiento y de control establecidos por las autoridades españolas y europeas. Es probable que una de las lecciones que todos y todas acabemos extrayendo de esta terrible tragedia es que estos protocolos, evidentemente, no son infalibles por lo que hemos sufrido”.

Pues ya nos quedamos mucho más tranquilos al coger un tren, presidente. O sea, que cumpliendo todos los protocolos puedes matarte igual. Fantástico, oye, a eso le llamo yo inspirar confianza en la ciudadanía. Feijóo no desaprovechó la réplica, señaló el cinismo de Sánchez, esa cobardía de avestruz, de Adamuz y apuntó uno por uno a la complicidad de todos los socios que aún lo sostienen. Y luego formuló la pregunta definitiva.

La pregunta es, ¿para qué sirve un presidente del gobierno que no es responsable de nada? Que no puede aprobar presupuestos ni convalidar decretos, que está rodeado de corrupción, que es un apestado para Estados Unidos y ahora también para la Unión Europea y que no puede dejar de mentir ni siquiera por respeto a los cadáveres de sus gobernados. Los ciudadanos con problemas, que esperan soluciones y no relatos, que viven en Extremadura o en Aragón, que cogen el tren en Andalucía o en Cataluña, los médicos, los maquinistas, los tractoristas, los autónomos, los jóvenes en bus de piso. Cada vez más españoles se preguntan lo mismo: ¿para qué sirve Pedro Sánchez?