"Hay tres hipótesis de por qué Trump ha empezado la guerra en Oriente Medio si ganó prometiendo centrarse en los problemas de América"
Jorge Bustos explica los motivos del presidente de Estados Unidos para iniciar la ofensiva contra Irán
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El ataque se desencadena en la mañana del sábado, pero Estados Unidos no ataca solo, lo secunda Israel con la operación rugido del León, golpeando las sedes del poder institucional y militar del régimen de los Ayatolás. Numerosas ciudades de al menos 20 de las 32 provincias iraníes son alcanzadas. Aunque Irán reporta una matanza infame en una escuela de niñas, se supone que los bombardeos de Estados Unidos a Israel son selectivos y que apuntan a objetivos militares y eso incluye el complejo residencial del líder supremo, Ali Jamenei. Y esa misma mañana cunde la noticia: Jamenei ha sido eliminado junto con decenas de altos mandos y líderes iraníes. También ha muerto Mahmud Ahmadineyad, el expresidente de la República Islámica, viejo enemigo de Estados Unidos e impulsor del programa nuclear iraní.
Pero Hamenei ya contaba con su propia muerte, ya tenía prevista su eliminación y el plan para su relevo inmediato se activa para evitar un vacío de poder que aceleraría la descomposición del régimen. Así que se ha nombrado un triunvirato de transición encabezado por Alireza Arafi. Según el propio Trump, Arafi ya habría expresado su voluntad de negociar con Estados Unidos. Y mientras tanto, el hijo del Sha, Reza Pahlavi, espera su oportunidad en Washington. Pero la teocracia islamista no se queda quieta y responde a la agresión lanzando misiles y drones sobre Israel y sobre objetivos estadounidenses ubicados en países árabes aliados de Washington.
Así que se ha desatado una espiral de violencia que amenaza con convertirse en una guerra abierta en la región, una nueva guerra del Golfo. Israel ha vuelto a bombardear Líbano en respuesta a los proyectiles de Hizbulá y han caído las primeras víctimas en el bando occidental. Tres soldados estadounidenses han muerto y una docena de israelíes como consecuencia del impacto directo de un misil balístico en una ciudad cercana a Jerusalén. Y además se registran impactos también en Qatar, en los Emiratos y en Kuwait. Hay bajas civiles y los gobiernos de los países del Golfo están reaccionando alineándose con Donald Trump y también lo harán las autoridades europeas.
Starmer, el premier británico, anuncia que Reino Unido enviará aviones de guerra a la zona después de que Irán lanzara dos misiles contra un miembro de la Unión Europea como es Chipre, que además ejerce la presidencia de turno ahora mismo. En Chipre el Reino Unido tiene dos bases militares. Oficialmente Bruselas aboga por una desescalada, pero el canciller Merz ya ha dicho que Alemania estará al lado de sus aliados, que no son precisamente los iraníes. Y Francia también estudia junto con Reino Unido y junto con Alemania atacar las lanzaderas de drones de Irán. Así que la tensión internacional es máxima.
Los tres motivos de Trump para la guerra
A la vista de este panorama, seguramente te estés haciendo ahora mismo dos preguntas: ¿Por qué parece haber estallado un conflicto bélico mundial? Y, ¿hasta dónde va a llegar exactamente?. Vamos a tratar de responderlas. ¿Por qué empieza algo parecido a una guerra en Oriente Medio, un presidente como Donald Trump que ganó prometiendo centrarse en los problemas de América, America First, y jurando que su administración no sería como la de esos halcones neocons de Bush y compañía en aquellas campañas ruinosas en Irak y en Afganistán?
El movimiento MAGA (Make America Great Again) le creyó en esa voluntad aislacionista; era un movimiento que presumía de la "pax trumpiana", del pacifismo de Donald frente a otros. Pero desde que Donald le ha cogido gusto a eso de ejercer de comandante en jefe del ejército más poderoso de la Tierra, buena parte de sus bases republicanas andan enfadadas con él. Ya lo estaban por los excesos de su política migratoria del ICE y por la falta de resultados económicos. Pero si Trump pensaba que empezar una guerra en Oriente Medio le devolvería los niveles de popularidad perdida, quizás se ha equivocado.
Y entonces, ¿por qué lo hace? Bueno, los analistas manejan tres hipótesis. La primera, la primera es la oficial, la que culpa a Irán de estar acelerando su programa de armamento nuclear a escondidas de los verificadores internacionales. No hay manera de saber hasta qué punto es verdad o no que los Ayatolás habían relanzado su plan atómico tras el ataque contra sus instalaciones en julio del año pasado. ¿Estaba el régimen realmente cerca de tener la bomba o no? Pues no lo sabemos. Pero aquí entra en juego Israel. Irán lleva cinco décadas empeñado en el exterminio del Estado de Israel, patrocinando el terrorismo yihadista de Hamás, de Hizbulá y de los hutíes de Yemen.
Y Netanyahu, que ha logrado victorias significativas en todos esos frentes en los dos últimos años, sabe que tiene a su enemigo existencial más débil que nunca y no piensa dejar que se recupere, ni que se ponga a enriquecer uranio otra vez, ni a desarrollar misiles balísticos. Así que seguramente ha persuadido a su amigo Donald de la conveniencia de acabar con los ayátolas de una vez por todas.
Segunda hipótesis: Trump cree que puede anotarse en Irán un triunfo parecido al de Venezuela para poder reivindicarlo en la campaña de las elecciones de noviembre. Planea que para entonces habrá colocado a un gobierno títere, una especie de Delcy con turbante que se someta al control remoto de Estados Unidos. Problema: que la República Islámica de Irán no es Venezuela. Es más bien como la Hidra de la mitología.
Su estructura de poder está diseñada para sobrevivir a la decapitación de sus líderes, porque en realidad es la Guardia Revolucionaria la que sostiene al régimen con su despliegue de terror y de represión. Igual que en el chavismo, quien manda es el narcoejército. El régimen iraní no caerá si el ataque exterior no viene acompañado de una revolución interior que derroque al régimen desde dentro. Por eso Trump se dirigía directamente a la Guardia Revolucionaria y al propio pueblo iraní en su mensaje del sábado animándoles a tomar el control de su propio país.
Y la tercera hipótesis para explicar esta guerra: el petróleo. Pero no porque Estados Unidos lo necesite; vamos a recordar que hace años que Estados Unidos es exportador neto de petróleo, tiene petróleo de sobra con el que produce en su propio territorio para consumo interno y para exportación. De lo que se trata es de negarle el suministro del crudo iraní a China, o sea, que no lo tenga otro, porque China es el gran adversario de Estados Unidos para la hegemonía mundial.
Y, visto así, Irán no sería nada más que otro escenario en la partida global de esta nueva Guerra Fría Estados Unidos-China. Pero claro, el peso geopolítico de Irán en esa zona, en la zona más caliente del mundo, su potencial desestabilizador es mucho mayor que el de Venezuela. Si logran imponer los iraníes la narrativa de que esta es una guerra contra los musulmanes de todo el mundo, habrá lobos solitarios que se radicalicen en respuesta y provocarán ataques terroristas en ciudades de Occidente. Y a ver cómo abren hoy las bolsas de todo el mundo, porque luego está la derivada económica de todo esto. De momento hay caídas en las bolsas de Japón y de China. Y a ver qué ocurre si se bloquea el estrecho de Ormuz, porque por allí pasa el 20% de la producción mundial de crudo y de gas y lo vamos a notar al ir a la gasolinera.
El problema de desencadenar otra guerra en el punto más caliente del planeta, aparte del número de víctimas inocentes que va a provocar, es que estas cosas sabemos cómo empiezan, pero nunca acaban como tenían previsto los estrategas de la Casa Blanca.