"El Gobierno se marca un Findus, recalienta un plato precocinado y nos lo sirve en el menú de la semana para que no hablemos del descalabro de Pilar Alegría"
Jorge Bustos analiza la estrategia de comunicación del presidente del Gobierno en su visita a Andalucía tras las borrascas
- 5 min lectura
El subidón de Vox en Aragón ha abierto un debate sobre los posibles errores de campaña del PP. Se acusa al partido de Jorge Azcón de haber perdido dos escaños por haberse intentado mimetizar con Vox en la recta final de la campaña para taponar la fuga de votos hacia el partido de Abascal, sobre todo entre los más jóvenes. Y es verdad que el PP se equivoca si se pone a competir con Vox usando el lenguaje de Vox. Y se equivoca porque el PP representa otra forma de hacer política y sobre todo ofrece otro mensaje o debería ofrecerlo. Un mensaje de experiencia, de moderación, de continuidad constitucional.
Si traicionara ese legado por hacerse el moderno, se estaría pegando un tiro en el pie y estaría privando a los españoles de una oferta política de estado imprescindible para devolver este país a los raíles de la racionalidad después de 8 años de sanchismo. Pero quizá los estrategas no son conscientes del todo de los millones de ojos que ahora mismo los están observando, esperando que hagan lo que tienen que hacer. Quizá no son conscientes esos estrategas de la responsabilidad histórica que les está interpelando para que abandonen de una vez los cálculos partidistas y para que empiecen a pensar en el interés general. Feijóo compareció ayer y parece que ha captado el mandato de las urnas.
El tono ya va cambiando, y bien está, porque el tiempo de la táctica se acabó o debería acabarse. A la gente que espera soluciones de sus gobernantes no le importan los juegos agotadores de los gurús electorales. La campaña ha terminado. Lo que esperan ahora tanto los aragoneses como todavía los extremeños es que las negociaciones entre los dos partidos que encarnan la alternativa al sanchismo den fruto, que pacten un programa razonable de gobierno, con perfiles capaces de gestionar y de coordinarse con lealtad institucional y con un compromiso de duración de 4 años, al menos. Nada de pegar la espantada de repente con la excusa más peregrina porque las encuestas dicen que bajamos. ¿Serán capaces de hacerlo? Bueno, pues pronto lo veremos.
¿Y cuál es el principal obstáculo ahora? Pues que el 15 de marzo se votan Castilla y León y Abascal puede pensar que, oye, si le está yendo bien huyendo de la responsabilidad de gestionar y criticando al PP desde fuera, ¿por qué va a dejar de hacerlo ahora? Hombre, pues si el patriotismo no es razón suficiente, hay otra razón más práctica, don Santiago, porque más pronto que tarde, los votantes de Vox podrían darse cuenta de que sus dirigentes les están mintiendo, les están diciendo que quieren gobernar, pero que es el PP el que no les deja entrar. Hombre, si siguen rechazando ofertas, el electorado de Vox podría acabar sospechando que el tercer partido de España no quiere gobernar autonomías para no desgastarse hasta las generales. Y eso sería muy frustrante. Porque huir del desgaste no es precisamente lo que debería hacer la derecha valiente.
El desvío de los resultados de Aragón
Y después de Castilla y León viene Andalucía. Por población son las elecciones autonómicas más importantes del año, lo sabe Juanma Moreno y lo sabe también Pedro Sánchez, que ayer se fue a Andalucía y evitó hacer la más mínima referencia a la debacle electoral de su ministra portavoz en Aragón y trató de desviar el foco hacia su nuevo tema favorito, que son los bulos que corren por las redes de los malvados tecnoligarcas.
El presidente, por cierto, había llegado en Falcon a Granada, fue recibido por las fuerzas de seguridad, personal de emergencias, en todo momento guardó una distancia blindada de seguridad para no toparse con el pueblo, para taparse solo con las personas estratégicamente elegidas por su equipo. Hombre, el pueblo ha sufrido el azote de las borrascas. Se supone que el presidente acudía a confortar a ese pueblo, pero en fin, el aislamiento ya es costumbre en él. De casta le viene al galgo.
Pero la pregunta es, ¿por qué vuelve a insistir en la tabarra de las redes sociales cuando se supone que la agenda de ayer iba sobre el impacto de las borrascas en Andalucía? Pues porque hoy el Consejo de Ministros va a aprobar un paquete de reformas para aumentar el control sobre las redes sociales. Y me dirás, "¿Te refieres al mismo paquete que Pedro ya anunció hace dos años y pico cuando salió de los famosos cinco días de reflexión?" Pues tiene toda la pinta.
Efectivamente, el gobierno marcándose un Findus recalienta un plato precocinado que descongeló hace mucho tiempo y nos lo sirve en el menú mediático de la semana para que no hablemos del descalabro de Pilar Alegría, o sea, del fracaso de su estrategia de enviar ministros a morir por él a los territorios. Pero, ¿qué importa? ¿Qué importa que el socialismo se desangre en las comunidades autónomas si el presidente más progresista de Europa cosecha hoy un tuit de Elon Musk insultándole?
Eso es gobernar, queridos niños. Reírse en un mitin del líder del partido que te gana las elecciones y a la semana siguiente presumir de controlar las redes para evitar el acoso a nuestros menores. Se ve la coherencia. O proyectarse como contrafigura planetaria de Donald Trump y luego llamar a una agencia de noticias para vetar al más puro estilo trumpista a una corresponsal que hizo una pregunta incómoda al pequeño Albares. Ahora falta saber si el PP y Vox son capaces de construir una alternativa estable a tanta incoherencia.