"No estaría de más que Patxi López mostrase algo de gratitud a esa derecha que le dio la única oportunidad de su vida de parecer respetable"
Jorge Bustos analiza los ataques del portavoz socialista a Felipe González tras confesar que votará en blanco
- 4 min lectura
Las elecciones de Aragón están poniendo a prueba la capacidad de los ganadores para seducirse entre sí, pero también la capacidad de los perdedores para darse una nueva oportunidad juntándose de nuevo. Vamos primero con el caso de los ganadores, que son evidentemente PP y Vox. Los aragoneses han dicho, o más bien han gritado lo mismo que los extremeños y lo mismo que vienen recogiendo obstinadamente todas las estas serias que se hacen en España. Hay una mayoría creciente de españoles que quiere gobiernos del PP condicionados por Vox. No quiere gobiernos de Vox condicionados por el PP porque la ventaja de los de Feijóo sigue siendo muy amplia. De hecho, España es el único país europeo prácticamente donde el PP no ha sido sustituido por la marca trumpista local, ni corre peligro inminente de serlo.
Pero tampoco quieren los españoles gobiernos del centro derecha clásico en solitario, salvo en Madrid, Galicia y Andalucía, de momento. Lo que parece que está pidiendo el electorado mayoritariamente es combinar la capacidad de gestión ya contrastada del PP con el enfoque de Vox en algunos asuntos puntuales como el control de la inmigración ilegal, atención a los problemas del campo (hoy hay tractorada) o la precariedad de una juventud cada vez más antisistema porque cree que no recibe del llamado régimen del 78 lo mismo que recibieron sus padres. Esos son los motores de voto de Vox.
Por supuesto, todas estas percepciones son muy matizables, encierran muchas trampas y mucha manipulación emocional que los estrategos del relato saben muy bien cómo atizar en las redes sociales, pero abroncar a la gente por votar mal es una estupidez y una muestra garrafal de la clase de arrogancia que está matando a la izquierda. Por eso solía decir Felipe González que gobernar consiste en hacerse cargo del estado de ánimo de la gente. Ojo, hacerse cargo no es seguirles la corriente. A menudo liderazgo, el de verdad, consiste en hacer pedagogía, en explicarle a la gente, por ejemplo, por qué no es decente, ni factible, ni productivo ponerse a deportar masivamente a extranjeros ya integrados solamente porque un pirado YouTube jura que vienen a reemplazarnos. Hace falta liderazgo para desmentir esas cosas, ¿verdad? Pero es obvio que la regularización extraordinaria anunciada en campaña por Sánchez y el acuerdo de Mercosur, por ejemplo, han tenido bastante influencia en el voto a Vox.
Por cierto, ¿te habrás enterado ya de que Felipe González ha confesado que va a votar en blanco porque el PSOE de Sánchez no le representa. Bueno, pues un señor llamado Francisco Javier López Álvarez, alias Patxi López, ha salido a contestarle:
"Hace mucho tiempo que me da pena que Felipe González haya dejado de ser una referencia para los socialistas y, sin embargo, sea una referencia para la derecha de este país. Y que Dios ataque al p*** amo, pues me parece que no tiene por dónde cogerlo”.
A ver, un poco de contexto histórico. A Felipe lo llamaban Dios en los 80, Txiki Benegas entre otros, básicamente porque encadenaba mayorías absolutas y tenía un gran poder, aunque permitía la crítica interna en los comités del partido. Y a Pedro Sánchez lo llamó Óscar Puente el p*** amo, porque mantuvo el poder, aunque al precio de desnaturalizar la marca clásica de la socialdemocracia española, adulterándola mediante pactos estructurales con los herederos de ETA, con los comunistas y con los separatistas. Por eso, Felipe González tiene un puesto asegurado en los libros de historia de España y hoy goza del respeto de la mayoría de los españoles a pesar de sus errores, que también los cometió.
Y por eso Pedro Sánchez será seguramente recordado como el aventurero narcisista que al perder el poder dejó inservible para muchos años la sigla histórica que había recibido. En cuanto a Patxi López, lo único valioso de toda su carrera política, que fue llegar a Lehendakari, se lo debe al Partido Popular de Antonio Basagoiti que votó su investidura generosamente no por interés, sino por principios para evitar que el nacionalismo siguiera abusando de su poder en Euskadi. Así que no estaría de más, Patxi, muchacho, que mostraras algo de gratitud a esa derecha que te dio la única oportunidad de tu vida de parecer respetable.
Comisión por Plus Ultra
Y hablando de los presidentes, hoy publica Esteban Urreiztieta en el diario de El Mundo una exclusiva demoledora que exige una comparecencia detallada de José Luis Rodríguez Zapatero publica mi periódico un documento que establece una comisión del 1% para Julio Martínez si lograba que el gobierno rescatase a Plus Ultra. Y sabemos que Julio, Julito para los amigos como Zapatero, compañero de running, le pagó 450.000 € al menos por labores de asesoría, de mediación con Delcy, más bien, con quien está ahora mismo, José Luis, de casualidad.
Esa cifra coincide más o menos con el 1% del importe de los 53 millones que nos costó a todos los españoles rescatar la aerolínea venezolana. Y Ábalos ha contado que fue Zapatero el que impuso ese rescate a Pedro Sánchez. Así que todo esto apesta a tráfico de influencias de un expresidente que blanqueaba y blanquea el chavismo no solo por afinidad ideológica, también por intereses económicos. Así que explíquelo, pero sin mentir más, don José Luis, porque que esto pinta muy mal.