"Aquí unos enfados pesan más que otros; si no eres nacionalista catalán, si eres de Huelva ya puedes desgañitarte pidiendo justicia que nadie te va a hacer caso"
Jorge Bustos analiza el cese del director operativo de Rodalies y la de un responsable de mantenimiento de Adif
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El ministro de Transportes se encuentra en una posición cada vez más insostenible, pero él mismo es el causante de su fragilidad y va tanto tiempo atacando que se ha quedado sin defensa. Por eso aconsejan a los ministros mantener siempre un perfil institucional, porque tarde o temprano les tocará gestionar una crisis de su estricta competencia y la opinión pública será más benévola con su gestión si perciben humildad, vocación de servicio, afán de entendimiento... Esto es lo que dice el manual del político clásico, pero Óscar Puente ha hecho carrera con el otro manual, el manual del populista. Agresividad, lenguaje faltón, sectarismo. Y claro, cuando le estalla una crisis tan grave como la de Adamuz y se da cuenta de que necesita cambiar de estilo comunicativo para merecer la confianza de la opinión pública, ya es tarde.
Ahora que necesita la credibilidad, resulta que la ha perdido. Ahora que la gente necesita un ministro que infunda tranquilidad y no un twittero adicto al zasca, no sabe ser creíble en el papel institucional, aunque lo intenta (o lo intentaba). Cualquier ministro de transportes de Europa al que se le descarrile un tren por falta de mantenimiento de la vía y se le mueran 45 personas lo tiene muy complicado para no perder su puesto. Pero, si encima has llegado a ese ese puesto, gracias precisamente a tu talento polarizador, tan apreciado por su amo, entonces, tu futuro político parece condenado.
Óscar Puente ha intentado parecerse durante la semana pasada a Salvador Illa, pero no lo ha conseguido. Y eso que Salvador Illa, a mi juicio, no fue un buen ministro de sanidad durante la pandemia. Este país registró una tasa de mortalidad y de impacto económico por el COVID mucho mayor que los países de nuestro entorno, a excepción de Italia, pero Illa es un político contenido, educado, tiene eso que llamábamos modales y eso le bastó para tapar sus fallos de gestión y hasta para ganar las elecciones en Cataluña. No nos imaginamos a Salvador Illa dando voces, ¿verdad? Igual que solo nos imaginamos a Óscar Puente dando voces, que es lo que ha vuelto a hacer ahora contra la prensa que ha ido por delante en la investigación que empieza a acorralarlo.
Pero el problema de Puente no es solo que le pierdan sus formas, también le pierden sus contenidos. Anteayer acusó al diario El Mundo de mentir por revelar que el accidente se produjo en el empalme entre una vía vieja y una vía nueva. Pero quien mentía era él por haber repetido hasta la saciedad que el tramo que reventó había sido completamente renovado. Hasta el investigador jefe de la Comisión de Accidentes Ferroviarios, el ingeniero Ignacio Barrón, ha desmentido al ministro.
Y claro, conforme avanza la investigación queda acreditada la falta de mantenimiento de la vía, que es lo que el ministro se apresuró a negar desde el minuto uno. Y en especial queda acreditada la incompetencia de Adif en aspectos clave. Ya han reconocido un error en el pliego de condiciones para fabricar precisamente la soldadura que se rompió. Y también ha quedado al descubierto la incomparecencia de esos trenes auscultadores, estos que van o que deberían ir por las vías emitiendo ultrasonidos para detectar fisuras. Puente dijo que la última revisión se hizo en noviembre, pero hemos sabido que en realidad fue en septiembre y esos cuatro meses son clave porque hay una enorme diferencia de temperatura en la sierra de Córdoba entre entre esos meses, entre septiembre y noviembre, y esa diferencia climática puede afectar decisivamente al estado de la vía. Así que lo previsible es que la indignación escale por el organigrama del ministerio hasta alcanzar a su máximo responsable. Las víctimas ya le están señalando y esa es la verdadera razón de que se haya retrasado sine die el funeral de estado. Sencillamente las víctimas no quieren coincidir con el gobierno al que culpan de su desgracia.
Ojo, acusar a un político directamente de matar es injusto, como era injusto llamar asesino a Mazón. Pero Mazón ha terminado dimitiendo, mientras que Sánchez acaba de presentar en un mitin en Huesca a Óscar Puente como un modelo de gestión. Aunque yo si fuera Óscar tampoco me fiaría, Pedro también se deshizo en elogios a Ábalos y a Cerdán y ahora son grandes desconocidos para él. El presidente respaldará al ministro mientras le sea útil como cortafuegos. Ni un minuto más.
Dos salidas tras el caos de Rodalíes
Y en el búnker de Sánchez no dimite nadie, a no ser que lo exijan Junts, Esquerra y el propio PSC de Salvador Illa. Ha sido alzar la voz y cobrarse dos cabezas, la del director operativo de Rodalies y la de un responsable de mantenimiento de Adif. ¿Pero no habíamos quedado en que no había ningún problema de mantenimiento, según el ministro? Pues parece que si lo dice Junqueras, entonces sí. Entonces, hay que correr a cortar cabezas.
Ojo, y no es que el caos en Rodalies no merezca una depuración urgente, claro que sí. En menos de una semana hemos visto el accidente de Gelida, donde murió un maquinista en prácticas, las constantes suspensiones del servicio y hasta la limitación de la velocidad a 80 km por hora en un tramo de la línea Madrid Barcelona por una rotura de la vía. Hasta la teoría del ciberataque ha sacado a pasear el el ministro. Pero lo que a mí me enfada es que aquí unos enfados pesen más que otros. Me enfada que hasta para la indignación y sus efectos haya una España asimétrica de dos velocidades, y perdón por mentar precisamente la velocidad en este asunto.
O sea, que si no eres nacionalista catalán, si eres de Huelva o de Córdoba, ya puedes desgañitarte pidiendo justicia que nadie te va a hacer caso. Ahora, si tus votos sostienen a Pedro Sánchez en Madrid y a Salvador en Barcelona, entonces tus protestas serán atendidas. Lo que no ha podido la muerte de 45 personas en Adamuz, lo ha logrado el caos en Rodalies. Es como si hasta en las emociones y no solo la financiación reinara la desigualdad. O sea, ¿que las emociones catalanas influyen más que las andaluzas o cómo va esto? Y Pedro lo acepta porque total ha decidido que Andalucía ya la tiene perdida, así que mejor centrarse en seguir complaciendo a Cataluña aunque el PSOE se convierta en una sucursal del PSC.
La trampa del decreto ómnibus
Y hablando de votos, hoy el gobierno lleva a votación en el Congreso un batiburrillo que llama decreto ómnibus y que mezcla la revalorización de las pensiones con la protección de los ocupas. La votación la tiene perdida porque Junts ya ha anunciado su voto en contra, igual que el PP, porque no quieren dar cheques en blanco al gobierno, sino votar cada materia por separado.
Y entonces, ¿por qué el gobierno forma este revoltijo de medidas, dispares y lo somete a votación sabiendo que lo tiene perdido, pues porque en el fondo no quiere que se lo aprueben. Quiere ponerle al PP un plato intragable delante para que lo rechace y así poder salir corriendo a acusar a Feijóo de ser el enemigo de los pensionistas. Este es el nivel de la política en 2026. Relato, relato y nada más que relato y luego nos sorprendemos de que descarrilen los trenes.