"La clausura de una basílica como la del Santo Sepulcro un Domingo de Ramos es un atropello, lo diga Pedro Sánchez o su porquero"

Jorge Bustos analiza la polémica después de que la policía israelí no haya permitido celebrar el Domingo de Ramos en la basílica del Santo Sepulcro

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Basta echar un vistazo ahí fuera para relativizar problemas como el retraso de un vuelo o incluso la pérdida de una maleta. Basta mirar a Oriente Próximo, donde la guerra cumple un mes y está entrando en una fase definitivamente fea. Netanyahu ha anunciando, básicamente, que quiere controlar más territorio de su vecino del norte, o sea, del Líbano. Invoca razones de seguridad nacional, pero la seguridad de Israel no debería imponerse a costa de la soberanía nacional de todos sus vecinos.

Hace tiempo que el gobierno Netanyahu rebasó el propósito inicial de castigar a los culpables de la masacre del 7 de octubre y ahora persigue un objetivo mucho más ambicioso y amplio que es rediseñar por la fuerza el mapa geopolítico de toda la región, aprovechando que en la Casa Blanca se sienta un tipo afín a sus intereses. La cuestión es a qué precio, porque hay voces que ya advierten de que se podría estar creando una nueva franja como la de Gaza pero al sur del Líbano. La operación israelí en el Líbano no solo está dejando decenas de muertos civiles, entre ellos tres periodistas, sino también decenas de miles de desplazados forzosos que no tienen a dónde ir. Y, si esta guerra se alarga, va a desatar una crisis migratoria peor que la de Siria. Pero no solo es Líbano, parece que la mentalidad de guerra de Netanyahu no se detiene ni ante lo más sagrado, ni ante lugares considerados santos por tres religiones y en los que se había respetado el culto durante siglos.

Ayer presidió la celebración del Domingo de Ramos el cardenal Pierbattista Pizzaballa en el Monte de los Olivos. Igual te suena Pizzaballa porque fue uno de los nombres más repetidos en las quinielas de 'papables' durante el Cónclave, el Cónclave del que salió elegido León XIV hace ya casi un año. Bueno, pues este cardenal italiano es el patriarca latino de Jerusalén, es decir, el máximo representante de la Iglesia Católica en Tierra Santa. Y, ¿por qué ha tenido que irse el cardenal Pizzaballa al Monte de los Olivos para celebrar la misa del Domingo de Ramos? Pues porque la policía israelí no le ha permitido celebrarla donde siempre en la basílica del Santo Sepulcro, donde los católicos han celebrado misa durante siglos en toda circunstancia y además en una que marca la culminación del año litúrgico, porque la Pascua es más importante que la Navidad en el calendario católico. No hay una fiesta más importante.

Así que, por primera vez en nueve siglos, nueve siglos, en plena Semana Santa el poder político/militar ha clausurado las puertas de la basílica del Santo Sepulcro, que está en el corazón de la ciudad vieja. Y por eso Pizzaballa ha tenido que irse a celebrar la misa a las afueras, precisamente al monte donde los evangelios sitúan a Jesús justo antes de ser prendido. El gobierno israelí alegó en un principio razones de seguridad, pero el patriarcado latino denunció en un comunicado que ese portazo ofende a miles de millones de cristianos que en estas fechas miran hacia Jerusalén y pidió proteger el derecho a la oración.

Es más, Italia, por boca de su ministro Tajani, anunció que va a convocar al embajador de Israel por violar la libertad de culto. Y, con el oportunismo que le caracteriza, el propio Pedro Sánchez aparcó un momento la bici montaña, es a lo que se dedica los findes, y puso un tweet en defensa de la tolerancia y ya sabemos que Pedro lo hace para sacar réditos políticos de su no a la guerra, ya lo sabemos, pero la clausura de una basílica como la del Santo Sepulcro, Un Domingo de Ramos es un atropello, lo diga Pedro Sánchez o su porquero. Y, de hecho, así ha terminado reconociéndolo el propio Netanyahu. Viendo el revuelo mundial, ha anunciado que le dará los permisos a Pizzaballa que hagan falta para celebrar el culto estos días. Ya el propio cardenal le ha llamado el presidente Herzog, el presidente de Israel, para pedirle disculpas. O sea, que tan vital para la seguridad no sería el cerrojazo, porque además no es un caso aislado.

La presión militar ha ido en aumento y se percibe, por ejemplo, en los controles para poder acceder a Belén o a Taybeh, que es el único pueblo completamente cristiano que está también en Cisjordania. La guerra cumple un mes y, lejos de amainar, se recrudece. Los aliados de están expandiendo el perímetro del conflicto. Me refiero a los utíes de Yemen, ya sabes que son grupos insurgentes bien armados que comparten la confesión chií con los ayatolás. Y a todo esto, ¿qué opina Donald Trump? Pues o ha perdido el sentido de la realidad o simplemente no acepta la realidad cuando esta le desviente, así que se dedica a cantar victoria.

Es verdad que Estados Unidos se ha cargado más del 90% de la flota de los ayatolás, pero es que esta guerra no la gana quien tiene mejores armas. Al régimen iraní, descabezado y todo como está, le basta un puñado de drones explosivos para tener cogido a oriente y a occidente por los estrechos. El de Ormuz y el de Bap el-Mandeb, que es el que amenazan ahora los utíes. Y con eso le sobra al régimen para desestabilizar la economía mundial. El Pentágono cree que la única forma de desatascar la situación es mediante una incursión terrestre que podría ser inminente a la espera del visto bueno de la luz verde de Donald Trump.

Claro, eso implicaría soldados estadounidenses de élite desembarcando en la zona y exponiéndose para reabrir pasos estratégicos como el de Ormuz. Pero allí estará esperando la Guardia Revolucionaria con todo el arsenal que queda en el país. El resultado te lo puedes imaginar, pero Trump dice que no tiene miedo a otro Vietnam. Cómo se nota que él se libró de ir allí a luchar cuando le llamaron a filas y lo hizo falseando un informe médico. Mintiendo empezó su carrera y mintiendo continúa.