Antonio Agredano y los tatuajes: "Mi cuerpo será algún día ceniza, olvido y tinta"

El cronista de Herrera en COPE habla de esos tatuajes que, acertados o no, llevamos para toda la vida.

Redacción Herrera en COPE

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El escudo del Betis, la cara de una novia que luego le dejó o un dragón que ahora parece un perro... muchos son las historias de tatuajes que nos cuentan los Fósforos y a las que Antonio Agredano pone voz y letra.

TATUAJES

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Con tinta se escriben las despedidas. Con tinta sobreviven las palabras en los libros. Con tinta se firma el compromiso y la esperanza. Con tinta, en mi piel, se hacen eternas las emociones vividas.

Creo que nada hay más legítimo, en el ser humano, que la pervivencia. Por eso sacamos fotografías cuando estamos felices. Por eso dejamos que una aguja nos atraviese la carne y nos dibuje un instante, un recuerdo o una frase que nos acompañe en los momentos grises. Para detener el tiempo.

Me gustan los tatuajes. Llevo muchos; y los que me quedan. Ya sé que seré un viejo con la piel garabateada y caída. Pero también os digo que, si llego a cumplir muchos años, esa será la menor de mis preocupaciones. Hay cosas que son para siempre mucho más feas que un barco en el bíceps, como el que yo llevo.

La deslealtad y la envidia. La mentira y el arrepentimiento. Son invisibles, pero son marcas también que atraviesan los años y las ciudades. Madurar es preocuparse por lo de dentro y dejar de mirar lo de fuera. Qué es un dibujo en el tobillo comparado con una vida regida por la calma y la generosidad. ¿Somos la cáscara o somos el fruto?

Como las plantas buscando el sol, cada uno busca la belleza a su forma. Con rectitud o con retorcimiento. Con lentitud o con ímpetu. Yo me tatúo para luchar contra mi brevedad. Para encarcelar los recuerdos. Para mirarme al espejo y seguir viendo al hombre que otras veces fui. Un ancla oscura. Para que no me arrastre la tormenta. Para no ser culpa y naufragio.

A estas alturas de la vida, me da igual que guste o que no guste, que se entienda o se critique. Mi piel es tan mía como mi memoria. Igual de efímera. Y mi cuerpo será algún día ceniza, olvido y tinta.