Antonio Agredano y las similitudes entre padres e hijos: "Los míos no se parecen en nada a lo que un día imaginé que serían"
El cronista de Herrera en COPE habla de esas reacciones que los padres vieron en sus hijos y en las que se reconocieron.
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Ordenar todo, dormir rodeados de cojines o mover el dedo gordo del pie mientras duermen... Muchas son las similitudes entre padres e hijos que nos han contado los Fósforos y a las que Antonio Agredano pone voz y letra.
PADRES E HIJOS
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Padres e hijos, por Antonio Agredano | Crónicas Perplejas
Creo que el amor funciona mejor sin expectativas. Que es un mar que hay que navegar sin cartografías. Que se descubre tras cada embiste de las olas, tras cada tormenta, tras el alivio de una tierra cercana. Y de todos los amores, de todos los océanos, ninguno tan impredecible, tan puro, tan profundo, que el de un padre, que el de una madre, a sus hijos.
Los míos no se parecen en nada a lo que un día imaginé que serían. Me desconciertan, me retan, me enseñan nuevos caminos. Su ingenuidad se reinventa cada día.
Ojalá guardar su olor, su mirada… ojalá poder refugiarme siempre en su ternura. Que fueran como los niños perdidos de Nunca Jamás. Con sus pijamas suaves. Con sus preguntas sin respuestas. Ojalá congelar el tiempo. Colarme en sus sueños y espantar a sus fantasmas. Ojalá mi vida fuera ya siempre asomarme a su dormitorio en la noche. Ponerles bien el edredón. Besarles la frente. Con esos párpados enormes, como puertas de casa hermandad. Albergando sus propios misterios.
Pero crecerán. E irán despegándose de mí, porque esa es la mecánica de las familias. Y navegarán sus propias aguas. Vendrán a verme, algunas veces por compromiso. Sacaré buen vino. Y me hablarán de sus parejas nuevas, de sus trabajos, con un poco de suerte, compartirán conmigo algunas de sus frustraciones. Y trataré de darles algún consejo que no escucharán. Y me dirán «las cosas no funcionan así, papá». Y yo sabré que sí funcionan así, pero serviré más vino y cambiaré de tema.
Y, sin quererlo casi, les hablaré de cuando eran pequeños. De cuando eran como son ahora. Con sus harapillos por fuera. Con sus libros desordenados. Con las zapatillas tiradas en cualquier parte. Con el pelo loquísimo. La peste de sus pies. Con los churretes y las mellas y las uñas sucias de plastilina tras el cole. Convenciéndome para que pida la cena al McDonald’s. Viendo las mismas películas una y otra vez.
Yo quiero que los años no pasen. Lo pienso en este barco desvencijado que es la existencia. A través de la tempestad y de los afectos. Con el sol de los años cayendo sobre mis mejillas. He llorado muchas veces como padre. Porque el tiempo es una espina. Pero luego me asomo a su dormitorio, y es tan plácido su sueño, y tienen tantas cosas que vivir aún. Hay tanta belleza en lo que tenemos y hay tanta belleza en lo que perdimos. Porque así es como funciona la vida. Espuma y arena. Adioses y bienvenidas.