Antonio Agredano recuerda a Raúl del Pozo: "Creo que muere un mundo que no tendrá recambio"

El cronista de Herrera en COPE rinde homenaje al periodista fallecido este martes.

Redacción Herrera en COPE

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Este martes fallecía el periodista y columnista Raúl del Pozo y en Herrera en COPE se ha recordado su figura con la ayuda de Jorge Bustos, Julio Valdeón, Javier Rioyo y Carlos Dávila. Antonio Agredano ha puesto la guinda a este homenaje con sus Crónicas Perplejas.

LA CONTRA

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Carmen me regaña por empezar los periódicos al revés. Desde joven, suelo hacerlo así, avanzando desde el final hasta el principio. Desde la columna de la contra, que es el epílogo del diario, hasta los titulares de las primeras páginas, donde bullen los acontecimientos.

Ella, periodista de redacción y colmillo, me insiste en que la literatura es sólo un complemento, que es la portada la que marca la actualidad del día. Que si los periódicos existen es para contar lo que pasa en el mundo, para cuestionar al poder, y no para que los columnistas nos cuenten sus amores de verano.

Yo creo que la contra, esa última página, ese último texto impreso, cotidiano, breve, íntimo, tiene también algo de rebeldía. Que ir a la contra siempre fue el talento de los descastados y de los solitarios. De los que han vivido mucho. De los que callan más de lo que dicen. Que esa columna es el epitafio de las mañanas y de los sinsabores de la vida. Que en su precisión hay algo de melancolía.

Se van yendo los que siempre estuvieron a nuestro lado. Como yo también me estoy haciendo viejo, cada vez me parece más innecesario el optimismo. Creo que muere un mundo que no tendrá recambio; que pronto será como una de esas casas abandonadas, de persianas rotas y misterios dentro.

Columnas de opinión se llaman. Aunque opinar se ha convertido en un lujo, como tener un yate o una casa en Saint-Tropez. Ahora con las redes sociales, ya todo el mundo se dedica a replicar, ridiculizar, atacar o despreciarte. Sólo por decir. Sólo por decir lo que sentimos y pensamos. Sólo por teclear un puñado de reflexiones o confesiones o nuestros miedos.

El peso de las palabras se mide en valentía. Para escribir lo que todo el mundo quiere leer vale cualquiera. Porque la contra siempre fue una ventana al tocapelotismo y la resistencia.