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TOROS LAS VENTAS

El oficio y buen hacer de Carlos Ochoa, lo mejor de la noche en Madrid

Javier López

  • Agencia EFE

Javier López

El novillero Carlos Ochoa, aun sin cortar trofeos, hizo lo más destacado de la segunda nocturna del mes de agosto en Las Ventas, una actuación asentada, de oficio y buena maña frente a dos utreros sin raza de Fernando Peña, que solo echó uno bueno, el segundo, y que fue arrastrado con las orejas puestas.

El primero de Ochoa fue devuelto a los corrales por su manifiesta invalidez. En su lugar salió uno de El Sierro que tampoco andaba muy sobrado de fuerzas. Así lo demostró finalmente en el último tercio, donde se derrumbó en varias ocasiones.

Y el madrileño, que lo había lanceado con arrogancia a la verónica, anduvo templado y con muchas ganas, logrando pasajes aislados de buena firma por el derecho. Anduvo por encima de las circunstancias y, sobre todo, de la desabrida condición de su antagonista.

Tampoco ayudó el cuarto, que embestía al paso, con la cara natural y quedándose también corto. Ochoa volvió a estar resuelto, asentado y muy templado. Otra cosa fue las cotas artísticas, escasas a tenor de lo poco que se empleó el de Fernando Peña.

Pero se le vio con oficio, haciendo las cosas muy bien para lograr sacar lo poco que tenía dentro el animal. Ese fue el mérito de Ochoa, que agarró una buena estocada en el segundo intento. Saludó una merecida ovación.

Marcos pasó sin decir prácticamente nada ante su primero, novillo noble y manejable al que pegó pases y más pases destemplados y sin ajustarse tampoco debidamente a lo largo de una faena fría como el témpano, y que solo caló entre sus seguidores, que no fueron pocos. Pero, a decir verdad, anduvo bastante por debajo del novillo. La división al saludar habló por sí sola.

Y si dijo poco con el bueno, menos aún con el malo, pues el quinto, sin raza alguna, no se empleó jamás, pero tampoco Marcos anduvo muy allá, despegado, ventajista y aburriendo al personal, que casi desde el primer muletazo ya le estaban invitando a que desistiera.

El debutante portugués Diego Peseiro dejó constancia en su primero que tiene buen aire manejando el percal. No tanto con los palos, tercio que cumplió entre notables desigualdades. Y con la muleta quedó prácticamente inédito ante la remisa actitud de su antagonista, que se paró enseguida y buscó enseguida en abrigo de las tablas.

Otra vez gustó el manejo del percal de Peseiro frente al sexto, al que pareó muchísimo mejor que a su anterior, destacando un gran par al violín, de mucho riesgo y exposición. Pero volvió bajar el diapasón en el último tercio, ora porque el novillo, no acabó de romper, ora también porque al pupilo de Ortega Cano le quedan todavía muchas cosas por pulir.

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FICHA DEL FESTEJO.- Cinco novillos de Fernando Peña, bien presentados, descastados, flojos y sin raza alguna. El único que medio se salvó, el noblote y manejable segundo. El primero fue un sobrero de El Sierro, en la línea de los titulares.

Carlos Ochoa, rosa y oro: estocada desprendida que escupe y dos descabellos (palmas tras aviso); y pinchazo y estocada (ovación).

Marcos, de verde botella y oro: estocada trasera y tendida, y tres descabellos (división al saludar tras aviso); y bajonazo muy trasero y dos descabellos (silencio tras aviso).

Diego Peseiro, de celeste y oro: dos pinchazos, media trasera y atravesada (silencio); y pinchazo y cuatro descabellos (silencio).

En cuadrillas, Andrés Revuelta saludó tras banderillear al cuarto.

La plaza registró alrededor de un cuarto de entrada (7.179 espectadores según la empresa) en noche apacible.

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