Taltavull: "Dios dice que sus designios son de paz y no de aflicción y nos regala una esperanza"
En su mensaje de Navidad el obispo de Mallorca manifiesta su deseo de paz y esperanza en esta época convulsa que vivimos
Madrid - Publicado el - Actualizado
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El obispo de Mallorca, monseñor Sebastià Taltavull, ha manifestado en su mensaje de Navidad el deseo de paz y esperanza. Para ello recuerda las palabras del profeta Jeremías “yo sé cuáles son mis designios sobre vosotros, designios de paz y no de aflicción. Yo os daré un futuro y una esperanza”.
El obispo se pregunta cómo podemos felicitarnos en una época convulsa y de desgracias a nivel mundial y local.
En estas circunstancias que nos rodean Monseñor Sebastià Taltavull lanza una serie de interrogantes. ¿Dónde descubrir ese pueblo del que habla Isaías cuando dice que ha visto una gran luz y a quién debemos consolar y hablar amorosamente?. ¿Qué ruta tenemos que abrir, cuáles son los deseos de Dios y cómo reaccionar cuando se nos promete un futuro y una esperanza?, se pregunta el obispo. Taltavull también nos plantea si podemos vivir contentos como se nos pide. Además entiende también nos preguntemos dónde está Dios en Ucrania o en la catástrofe humanitaria entre Israel y Palestina, donde nació el cristianismo.
Pues en medio de tantas preguntas, el obispo insiste en que debemos encontrar una respuesta luminosa que nos permita felicitarnos, porque insiste “Dios dice que sus designios son de paz y no de aflicción y que nos regala un futuro y una esperanza”.
Y es que asegura que con la felicitación va la voluntad de cambio personal, va nuestra conversión, el rechazo y la denuncia del mal y el esfuerzo de hacer nuestras las palabras de Isaías, que invalidan toda guerra y prevén un futuro en paz.
Insiste monseñor Taltavull que debemos felicitarnos porque este futuro y esta esperanza es Jesús, hijo de Dios, que nace en Belén en una cueva con el amor de María y José, a los que nadie abrió la puerta haciéndoles probar el trago amargo del rechazo social y el peso de una inesperada inmigración. Recuerda que la cuna fue un pesebre, el primer altar de la historia cristiana. Además explica que el descubrimiento de los que ven a Dios solo es posible desde la humildad y la sencillez. Actitudes que, dice, sirven para entender a Jesús, el Evangelio y seguirle porque el encuentro con Jesús es esencial.
Por eso concluye que debemos felicitarnos y que desde la fe tendremos respuestas a lo que nos inquieta cuando aparece la violencia, la discriminación y cuando los derechos no son respetados.
Afirma que con la felicitación navideña va el deseo de una paz justa basada en el respeto y el amor del otro y recuerda que fue a partir de la contemplación de la pobreza, que Francisco de Asís intuyó el belén, como signo de la ternura de Dios, que sigue perdurando en el tiempo 800 años después y que sigue presente en nuestras casas y en las iglesias.
El obispo finaliza mandando un deseo sincero de paz. Una paz personal, social, eclesial, familiar, política y ecológica que, reconoce, tanto nos hace falta. El mensaje del prelado acaba con el deseo y la esperanza de que vivamos el espíritu de la paz todo el año 2024.