Nacho Abad, sobre el caso Francisca Cadenas: “Han recibido una paliza en prisión por la ‘ley no escrita’ contra presuntos agresores sexuales”

Los dos hermanos han sido agredidos por otros reclusos ante la sospecha de que el crimen de Hornachos escondiera una motivación sexual

EFE

Con gritos de "asesinos, asesinos" han sido recibidos esta mañana los dos hermanos detenidos por la desaparición en 2017 de su vecina Francisca Cadenas en Hornachos (Badajoz)

Celia Lafuente

Mérida - Publicado el - Actualizado

3 min lectura

Los dos hermanos detenidos por la desaparición de Francisca Cadena en Hornachos (Badajoz) han recibido una paliza en la cárcel por parte de otros presos. A pesar de los intentos de aislarlos, no se ha podido evitar la agresión, motivada por la "ley no escrita" de la prisión contra los presuntos agresores sexuales. Aunque no existe una imputación formal en este sentido, muchos reclusos sospechan que este fue el móvil del crimen ocurrido hace nueve años.

Tras la agresión, se intentará aumentar el aislamiento de los hermanos para garantizar su seguridad mientras se estabiliza la situación y la noticia pierde el impacto inicial. Los hechos han vuelto a poner el foco en un caso lleno de incógnitas desde el primer momento.

Las primeras horas de la desaparición

La noche en que se le perdió la pista, Francisca Cadena, de 59 años, estaba con sus tres hijos y su marido. Acababa de acompañar a una niña que cuidaba y, tras una breve conversación familiar, desapareció. Apenas diez minutos después, su hijo José Antonio comenzó a buscarla "como loco", visiblemente nervioso, preguntando a todos los vecinos de la calle.

Desde el primer instante, las sospechas de José Antonio se centraron en un vecino, Julián. Según relató a los testigos, llamó a su puerta y este salió "muy nervioso" para decirle que no había visto a su madre. Además, comentó a los vecinos que lo había visto "sudoroso y muy nervioso, como de haber hecho un gran esfuerzo".

Su madre está ahí dentro y que la tiene secuestrada

Nacho Abad

Periodista

José Antonio incluso declaró a la Guardia Civil que, antes de abrir, escuchó a Julián al otro lado de la puerta "resollando y intentando controlar la respiración". Tal era su convencimiento que, en un momento de desesperación, cogió un paraguas y le dijo a su padre que iba a "reventar la puerta de Julián", pues estaba seguro de que "su madre está ahí dentro y que la tiene secuestrada". Fue su propio padre quien tuvo que detenerle.

Contradicciones desde el principio

Las declaraciones de los hermanos presentaron numerosas contradicciones desde el inicio. En su primera versión, Julián afirmó que se encontró a José Antonio en la calle, pero los hechos confirman que el encuentro se produjo en la puerta de su casa. Además, varios vecinos y agentes recordaron cómo Julián se negó a que la Guardia Civil entrara en el domicilio.

Finalmente, su hermano mayor, Manuel, autorizó el acceso, pero la inspección fue incompleta. No se pudo registrar una de las habitaciones porque un tío estaba supuestamente durmiendo y los hermanos pidieron a los agentes que no abrieran dos compuertas bajo la escalera.

La excusa que dieron para evitar la inspección de los compartimentos fue que "estaban estropeadas o algo por el estilo", por lo que la Guardia Civil, que actuaba con rapidez en la búsqueda inicial, no llegó a controlar esa parte clave de la vivienda. Otra de las grandes mentiras fue la coartada de Julián, quien aseguró haberse ido a dormir y no oír el revuelo.

Julián fue el único vecino que no estaba en la calle cuando llegaron los agentes, y tuvo que ser su hermano quien le obligara a salir. Tardó solo 15 segundos, un tiempo que a la Guardia Civil le pareció insuficiente para vestirse y bajar, lo que desmontaba su versión y confirmaba que no estaba durmiendo. Estas y otras incoherencias han marcado la investigación desde el principio.