OPINIÓN
No lo llaméis fútbol
Así ve Pedro Zamora la posible reanudación de las competiciones deportivas.
Javier Tebas, Irene Lozano y Luis Rubiales
Madrid - Publicado el - Actualizado
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Lo dijo Fali pero lo piensan otros muchos que, de momento, no se atreven a decirlo. Tienen miedo, se plantean quedarse en casa y perder su contrato antes que volver a jugar. Digo jugar, porque jugar a fútbol es otra cosa. Los clubes, empujados por una avaricia que parece incontrolable, están dispuestos a todo. El protocolo enviado por LaLiga el pasado viernes es inasumible para el noventa y pico por ciento de los equipos. Voces críticas en Primera y Segunda entienden ese protocolo como un lavado de manos de LaLiga en el caso de una desgracia. El temor de Fali a saltar al campo, contagiarse y llevarse el virus a casa está extendido en muchos vestuarios de España. Si al médico de al menos dos equipos de LaLiga le hicieran caso, no se volvería a entrenar tan pronto.
El problema ahora para los futbolistas no es sencillo. Cayeron en la trampa, firmaron deprisa y corriendo supuestos acuerdos para reducir sus salarios drásticamente si no se jugaba más y en este minuto del partido están en una encrucijada. La negociación, que no fue tal en la mayoría de los casos, les deja en una situación extrema. Si quieren recuperar su dinero, tendrán que arriesgarse, volver a entrenar, exponerse y participar de un cosa que pretenden llamar fútbol.
Fútbol dicen. Lo resumió hace unos días Paco Jémez. “A ver si por las prisas, esto va a parecer un solteros contra casados”. Fue decirlo y su teléfono comenzó a recibir llamadas y mensajes de colegas para aplaudir su manifestación. Y es que eso es lo que va a ser si vuelve LaLiga antes de cuando toca. El Real Madrid, por ejemplo, ya ha dicho que con el Santiago Bernabéu no cuenten. Que para jugar a puerta cerrada se lleva el partido a la ciudad deportiva. El Levante UD, más de lo mismo. Que para seis partidos que le quedan en su campo lo puede jugar donde sea (literal). Veremos, más supuestos, cuándo y cómo vuelven los dos fugados del Celta de Vigo o las decenas de extranjeros que, de Segunda, volvieron a sus países cuando estalló la crisis. Será curioso, también, ver ¿alojarse? a equipos en hoteles que están cerrados por ley o viajes de equipos de Segunda en tres autobuses para respetar la distancia social.
Es todo por dinero, eso por descontado. El impacto económico es tremendo, eso también por descontado. Pero es difícil de entender que clubes supuestamente saneados con un costo de personal no deportivo de menos de cinco millones de euros hayan acelerado hacia el ERTE o, directamente, hayan sacado un particular anticipo del bolsillo de los futbolistas. El fútbol tiene que volver, claro, pero a esto no lo llaméis fútbol.