Las prisiones rinden homenaje a la cocinera de Mas Enric en el segundo aniversario de su asesinato: "Aún estamos rotos"

La familia de la víctima, asesinada por un interno hace dos años, reclama "responsabilidad política" para extremar la seguridad y evitar más muertes en los centros penitenciarios

Yolanda Bernal

Barcelona - Publicado el

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Los trabajadores de las prisiones catalanas han rendido un sentido homenaje este viernes a Nuria, la cocinera del centro penitenciario de Mas Enric (El Catllar, Tarragonès), cuando se cumplen exactamente dos años de su asesinato a manos de un interno

El recuerdo de su figura y la herida aún abierta por su pérdida han protagonizado una jornada de memoria y reivindicación, que ha tenido su epicentro emocional en la prisión de Quatre Camins (La Roca del Vallès). A las doce del mediodía, un minuto de silencio coordinado en todos los centros penitenciarios de Cataluña ha unido a los funcionarios en un mismo clamor: el de no olvidar y el de exigir medidas para que una tragedia así no vuelva a repetirse.

El acto, retransmitido por streaming entre las diferentes prisiones, ha contado con la participación de Pablo Martínez, sobrino de la víctima, quien ha querido enviar un mensaje de agradecimiento y fortaleza a todos los trabajadores. Visiblemente emocionado, ha puesto voz al duelo que la familia sigue atravesando. “Aún estamos rotos”, ha confesado, resumiendo un sentimiento que el paso del tiempo no ha logrado mitigar.

Aún estamos rotos"

Un dolor irreparable

La sencillez del homenaje en Quatre Camins, donde los trabajadores se han congregado en la entrada, contrastaba con la profundidad del dolor que todavía hoy envuelve a la familia. Pablo Martínez ha sido claro al describir el impacto de la pérdida: “Creo que nunca lo superaremos porque es un dolor irreparable”. Estas palabras, pronunciadas antes de dirigirse al acto central en Mas Enric, reflejan la magnitud de un duelo que permanece intacto y que se ha convertido en el motor de su lucha por la justicia y la seguridad en el entorno laboral penitenciario.

Para la familia, la muerte de Nuria es “irreversible”, una realidad que les obliga a canalizar su dolor hacia una demanda constructiva. Su objetivo es claro: transformar la tragedia en un punto de inflexión. No buscan venganza, sino responsabilidad y prevención. La herida, lejos de cerrarse, les impulsa a asegurar que el nombre de Nuria quede asociado a un cambio real y tangible en el sistema, un legado que proteja a otros de sufrir un destino similar.

Homenaje a la cocinera de Mas d'Enric

La seguridad, una asignatura pendiente

El portavoz de la familia ha reclamado “responsabilidad política” para seguir implementando mejoras en la seguridad de las prisiones. El mensaje es contundente y busca interpelar directamente a la administración. “Núria fue la primera y tenemos que garantizar entre todos que sea la última”, ha sentenciado Martínez, subrayando la urgencia de actuar para que ningún otro trabajador penitenciario tenga que enfrentarse a una situación de riesgo extremo en su puesto de trabajo. Esta frase se ha convertido en un lema para los funcionarios, que comparten la misma preocupación.

Núria fue la primera y tenemos que garantizar entre todos que sea la última"

Durante el acto en Quatre Camins, Martínez también se ha dirigido directamente a los funcionarios presentes con una advertencia cargada de significado: “Que no se olviden de que tienen que mirar por su seguridad”

Con esta afirmación, ha querido recordarles que la autoprotección y la exigencia de mejores condiciones son fundamentales mientras no lleguen las soluciones estructurales. Ha insistido en que, tras un suceso como este, “la familia queda destrozada” y que es imperativo evitar que más personas estén “expuestas” a perder la vida mientras cumplen con su deber profesional.

Aunque el sobrino de la cocinera asesinada admite que desde la muerte de Nuria “se ha avanzado un poquito” en materia de seguridad, considera que las medidas adoptadas hasta ahora son insuficientes. “Todavía queda mucho por hacer y se puede mejorar mucho más”, ha asegurado. La familia y los trabajadores perciben que los cambios son lentos y no abordan la raíz del problema, por lo que instan a no caer en la complacencia y a seguir trabajando para blindar los centros penitenciarios de forma efectiva.

Funcionarios de prisiones

Una demanda extensiva a los internos

La reflexión de Pablo Martínez ha ido un paso más allá, ampliando el foco de la seguridad para incluir también a la población reclusa. En un gesto que demuestra una profunda humanidad, ha conectado el dolor de su familia con el que sufren otras que también han perdido a un ser querido entre los muros de una prisión, aunque en circunstancias diferentes. Su demanda de mejoras, por tanto, no se limita a los trabajadores, sino que abarca a todas las personas que conviven en el sistema penitenciario.

“Toda vida perdida en una prisión genera un dolor, no solo en un asesinato como el de Núria, sino también cuando una persona toma la decisión de quitarse la vida, queda una familia destrozada detrás”, ha reflexionado Martínez. Con estas palabras, ha puesto de manifiesto que la precariedad de la seguridad y la salud mental en las cárceles es un problema transversal que afecta a todos por igual, generando un sufrimiento que traspasa los muros y golpea a numerosas familias.

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.