Los perros policía se han convertido en un recurso cada vez más imprescindible para los cuerpos de seguridad
Un experto guía canino desvela cómo se seleccionan, entrenan y retiran estos agentes de cuatro patas, cuya eficacia es cada vez más demandada en los cuerpos policiales
Barcelona - Publicado el - Actualizado
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Su olfato es un arma infalible y su lealtad, incondicional. . En Cataluña, ya existen unas cincuenta unidades caninas en las policías locales, una cifra que refleja la creciente confianza en una 'herramienta' que, como explica Óscar Pérez, policía y presidente de la Asociación de Guías Caninos de Policias Locales de Catalunya, 'da muy buenos resultados'. Pero, ¿cómo es la vida de estos agentes de cuatro patas? Pérez desvela los secretos de su selección, entrenamiento y el vínculo inseparable que forjan con sus guías.
La vocación del juego
El primer requisito para un futuro agente canino no es la raza, sino el carácter. 'Es fundamental que quieran jugar mucho, que tengan mucha energía y que por una pelota estén muy activos', detalla Pérez. Para ellos, todo se estructura como un pasatiempo, ya que, como insiste el experto, 'esto es un juego, y para el perro no es ningún trabajo'. La detección de un narcótico o el hallazgo de una persona culmina con una recompensa que convierte la tarea en una actividad lúdica.
Esto es un juego y para el perro no es ningún trabajo"
Aunque razas como el pastor belga malinois o el pastor alemán de líneas de trabajo son habituales por su alta energía, Óscar Pérez aclara que no hay exclusividad. Perros pastores de agua o de carea también pueden ser excelentes agentes si cumplen con el requisito principal: una actividad muy alta. La formación de un binomio guía-perro es un proceso intenso. 'En seis meses podríamos decir que tenemos un binomio listo para comenzar', señala el experto, aunque la plenitud de su rendimiento, sus 'horas de vuelo', llegan tras unos dos años de trabajo conjunto.
Uno más en la familia
La asociación que preside Pérez defiende un modelo de convivencia que rompe con la imagen tradicional del perro policía que vive en un canil. Su filosofía es clara: el perro vive con su guía. 'Nosotros tenemos la premisa de que forman parte de la familia', afirma. Esta integración total en el hogar del agente no solo fortalece el vínculo afectivo y la socialización del animal, sino que también soluciona una de las grandes preocupaciones: su futuro tras el servicio. 'No tenemos la necesidad en la jubilación de buscar una familia, porque ya viven en familia', añade.
Los perros son uno más de la família
Gracias a este modelo, cuando un perro se retira, su vida apenas cambia. Sigue en el mismo entorno, con las mismas personas, disfrutando de un merecido descanso sin el trauma de una separación. El perro que acompaña al policía vive donde él vive, compartiendo sofá y paseos. Se cría para ser 'un perro muy socializado, un perro muy afable, un perro que tenga mucho vínculo con las personas', asegura Pérez. Esto garantiza un animal equilibrado tanto dentro como fuera de sus horas de servicio.
Héroes que no se jubilan del todo
Las especialidades de estos agentes son variadas y de vital importancia: detección de narcóticos, explosivos o el rescate de personas, ya sea vivas o fallecidas. Su trabajo, sin embargo, es de una intensidad extrema. 'El bulbo olfatorio del perro está muy desarrollado. Unos cinco minutos de búsqueda equivalen a media hora para nosotros', explica Pérez. Por ello, el trabajo debe ser intermitente, con registros cortos seguidos de pausas para el descanso, garantizando así su bienestar y máxima efectividad.
La jubilación suele llegar en torno a los siete u ocho años, pero depende de la genética y el estado físico de cada animal. Mientras el perro esté sano y quiera 'jugar', puede seguir activo. Pero incluso después de colgar el arnés, su instinto permanece intacto. Un ejemplo del poder, incluso pasivo, de estos animales lo relata Pérez con una anécdota. En un control, sacó a un perro que aún no estaba operativo 'para estirar las patas'. Un agente dio el alto a un vehículo y le indicó al conductor que le pasaría el perro. 'El hombre sacó la droga que llevaba y dijo: con el perro, está claro que sí', recuerda entre risas. El animal, sin hacer nada, fue puramente disuasorio.
A pesar de su crucial labor, Pérez lamenta la falta de reconocimiento institucional. Por ello, su asociación sin ánimo de lucro ha tomado la iniciativa. 'Hemos hecho un reglamento para la distinción y el juramento de medallas a perros', comenta. Es 'una manera simbólica de honrar su dedicación y el esfuerzo por su lealtad'. Aunque un perro no lo entienda como nosotros, el gesto sirve para visibilizar públicamente su entrega. Al final, la mejor recompensa es la del día a día, la que le da su guía con el afecto.
Óscar Pérez predica con el ejemplo. En su casa viven Bart, de 14 años, y Lua, de 13, sus dos compañeros ya jubilados, con quienes sigue practicando juegos de olfato. Esta dedicación vitalicia encapsula su mensaje final, un principio que resume la mayor condecoración posible: 'La mejor manera de honrar a los perros es cuidarlos y respetarlos cada día', concluye.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.