L'Oli Nou de Barcelona: Así es el aceite virgen extra que nace para evitar incendios
Una iniciativa pionera une la producción de aceite de oliva virgen extra con la prevención de incendios en la sierra que sirve de pulmón a la ciudad
Barcelona - Publicado el
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Desde el pasado 25 de marzo, la cooperativa La Olivera y la Fundació Catalunya La Pedrera han lanzado al mercado la primera edición de ‘L’Oli Nou de Barcelona’. Se trata de un aceite de oliva virgen extra elaborado en el corazón de la sierra de Collserola, el gran pulmón verde de la capital catalana. Este proyecto no solo busca crear un producto de alta calidad, sino que nace con un objetivo estratégico fundamental: contribuir a la reducción del riesgo de incendios forestales en un entorno de gran valor ecológico y social.
Un tesoro oculto entre los pinos
La idea surgió a partir de la experiencia de La Olivera, una cooperativa que ya trabajaba en la zona con las únicas viñas productivas de Collserola. De forma secundaria, comenzaron a aprovechar los olivos que encontraban, muchos de ellos abandonados desde hacía décadas. Fue así como descubrieron el potencial de la variedad autóctona ‘bacaruda’. Según explica Miquel Rafa, director de Sostenibilidad y Territorio de la Fundació Catalunya La Pedrera, se dieron cuenta de que con estas aceitunas se podía elaborar “un aceite que tiene una calidad extraordinaria”.
Este hallazgo conectó directamente con la principal preocupación de la fundación: el elevado riesgo de incendios que amenaza la sierra. Rafa señala que la imagen boscosa actual de Collserola es relativamente reciente. Antiguamente, “el 80% de toda la montaña que ahora vemos no era bosque como ahora, sino que eran antiguas terrazas de cultivos”, principalmente de olivos, pero también de almendros y viñas. Estas explotaciones, en su mayoría familiares y de autoconsumo, creaban un paisaje en mosaico que actuaba como un cortafuegos natural.
Del campo a un polvorín forestal
El abandono de estos cultivos se debió a varios factores, como explica Rafa. Por un lado, la crisis general de la agricultura de montaña, con terrazas de difícil acceso y poco mecanizables, que dejó de ser rentable. Por otro, un golpe de gracia llegó con las grandes heladas de los años 50, especialmente la de 1956, que “fue una estocada muy fuerte” y provocó la muerte de muchísimos olivos. Muchos agricultores abandonaron las fincas sin ni siquiera arrancar los árboles muertos.
Como resultado, el bosque, principalmente los pinos, de crecimiento más rápido, fue colonizando las antiguas terrazas. Hoy, esos viejos olivos, algunos centenarios, sobreviven como un “sotobosque” oculto bajo la masa forestal. Esta acumulación de biomasa ha convertido la sierra en una zona de alto riesgo. Los bomberos han identificado las áreas más críticas, especialmente en la vertiente del Llobregat, donde los vientos de poniente podrían extender las llamas rápidamente.
Aceite
Cualquier inicio de fuego en aquel punto podría llegar hasta Barcelona y quemar toda la sierra"
La peligrosidad es tal que, según advierte Miquel Rafa, “cualquier inicio de fuego en aquel punto podría llegar hasta Barcelona y quemar toda la sierra”. Esta amenaza inminente es el verdadero motor del proyecto, que busca revertir la situación a través de la recuperación de la actividad agrícola.
Bioeconomía para un futuro más seguro
El plan de actuación consiste en un proceso minucioso. Primero, se realiza una actuación forestal para despejar los pinos y la maleza que cubren los antiguos bancales, un trabajo que se realiza fuera de la época de nidificación de las aves. Después, se recuperan los olivos y se restituye el uso agrícola, aunque esto último, reconoce Rafa, a veces implica trámites administrativos complejos. La fundación ya ha llegado a acuerdos con pequeños propietarios de las zonas identificadas como prioritarias para comenzar los trabajos.
Pero el proyecto va más allá de una simple limpieza. Como subraya el director de Sostenibilidad, “uno de los elementos clave y novedosos de este proyecto es generar un uso del territorio que permita asegurar su mantenimiento a largo plazo”. De nada serviría despejar el bosque si en cinco años la vegetación volviera a crecer. La clave es crear una bioeconomía sostenible en torno al aceite que haga rentable el cuidado de estas tierras.
Uno de los elementos clave y novedosos de este proyecto es generar un uso del territorio que permita asegurar su mantenimiento a largo plazo"
En este engranaje, La Olivera juega un papel doble. Además de su faceta productiva, es una cooperativa de iniciativa social que ofrece oportunidades laborales a personas con dificultades. La producción actual del ‘Oli Nou de Barcelona’ es modesta, con unas 2.300 botellas en su primera añada, que pueden adquirirse a través de su página web. Sin embargo, el objetivo es crecer e integrar a otros agricultores de la zona.
Para ello, el proyecto contempla la creación de una almazara moderna en Collserola. Esta infraestructura permitiría a los pequeños productores locales molturar su aceituna a un coste más bajo y con garantías de alta calidad. La fundación asume el coste de la recuperación de los terrenos, lo que permite a los agricultores centrarse en una producción viable y rentable. Se trata, en definitiva, de un círculo virtuoso: la prevención de incendios genera una economía local que, a su vez, garantiza la conservación del paisaje recuperado y la protección de Barcelona.
Este texto ha sido elaborado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.