La Guardia Civil vigila el cielo de Barcelona para frenar la amenaza de los drones ilegales
El auge de aeronaves no tripuladas obliga a extremar el control del espacio aéreo para evitar riesgos en zonas turísticas e infraestructuras críticas
Barcelona - Publicado el
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El auge de los drones en España ha disparado la vigilancia del espacio aéreo, con un crecimiento sostenido que ha superado los 119.000 operadores registrados a finales de 2024. En este escenario, los equipos Pegaso de la Guardia Civil se han convertido en una pieza clave para el control de vuelos irregulares, una tarea crítica ante el riesgo que suponen para la seguridad y sus potenciales pérdidas millonarias para el sector aéreo.
Un cielo cada vez más transitado
Barcelona es uno de los puntos más conflictivos de España, con un elevado número de infracciones. El equipo Pegaso interpuso 261 denuncias en la provincia durante el año pasado y más de un centenar en la primera mitad de este año. La mayoría de los vuelos irregulares se concentran en zonas turísticas como la Sagrada Familia, el Park Güell, Montjuïc o la Barceloneta.
Muchos de estos vuelos son realizados por turistas que desconocen la normativa y el peligro que entrañan sus acciones. "Nos encontramos turistas volando drones a 400 o 500 metros sobre la Sagrada Familia para grabar un vídeo", explica el agente David Álvarez, miembro del Equipo Pegaso, quien advierte de que "no son conscientes del peligro, por allí pasan helicópteros de verdad", refiriéndose a las aeronaves de emergencias. La normativa general establece una altura máxima de 120 metros en entornos urbanos, un límite que se reduce a unos 45 metros en el ámbito aeroportuario.
Tecnología de vanguardia para la vigilancia
Para detectar estas aeronaves, el Equipo Pegaso utiliza tecnología capaz de localizar drones a varios kilómetros. Un sistema de radar les proporciona en tiempo real la trayectoria, la altura, la marca, el modelo e incluso las coordenadas exactas del piloto. Esta información es crucial para poder actuar con rapidez.
Cuando el sistema se activa, sabemos que toca correr"
"Cuando el sistema se activa, sabemos que toca correr", afirma el agente Álvarez sobre el protocolo de actuación. Una vez que el dispositivo de detección les facilita los datos, los agentes se desplazan hasta la ubicación para localizar al piloto. El objetivo, según detalla, es "comprobar si está formado y si tiene permisos" para realizar esa operación aérea.
Las infracciones pueden acarrear sanciones económicas muy elevadas, que varían según la naturaleza del vuelo. Como señala Álvarez, un vuelo recreativo indebido puede sancionarse con multas de entre 60 y 4.500 euros, pero "una operación profesional mal coordinada puede llegar hasta los 225.000 euros", según estipula la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA).
El riesgo aeroportuario y sus costes millonarios
El riesgo más grave es la posible intrusión de un dron en las trayectorias de aproximación o despegue de un aeropuerto. Este escenario ha obligado a cierres temporales en aeropuertos como Gatwick en 2018 o Adolfo Suárez Madrid-Barajas en 2020. Estas interrupciones activan complejos protocolos de seguridad que involucran a AENA, ENAIRE y las fuerzas de seguridad.
Las consecuencias económicas de un cierre son considerables. El incidente de Gatwick, que duró más de 30 horas, tuvo un impacto estimado de 50 millones de libras. Según datos de EUROCONTROL, un simple retraso puede costar a una aerolínea entre 100 y 166 euros por minuto, lo que significa que una hora de cierre en un gran aeropuerto puede suponer pérdidas de cientos de miles o incluso más de un millón de euros.
Para los casos más graves, la unidad dispone de un fusil inhibidor, un arma capaz de interrumpir la señal del dron en pleno vuelo y neutralizarlo. Álvarez explica que permite paralizar la aeronave, quitarle la visión de la cámara al piloto o anular su GPS. Por ahora, no han tenido que utilizarlo nunca en Barcelona.
Material Unidad Pegaso
La labor del Equipo Pegaso no se limita a los drones, sino que abarca toda la aviación general. También supervisan la actividad de los doce aeródromos de la provincia, controlando avionetas, helicópteros y globos aerostáticos. Su misión es garantizar que, en un cielo cada vez más concurrido, la seguridad siga siendo la máxima prioridad.
Si algo falla ahí arriba, las consecuencias pueden ser muy serias"
En definitiva, la responsabilidad es el factor clave en un entorno aéreo compartido. Como resume el agente Álvarez de forma contundente: "El cielo no es de nadie, pero la responsabilidad sí. Si algo falla ahí arriba, las consecuencias pueden ser muy serias".
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.