Barcelona, epicentro del yihadismo en España: "Es más fácil pescar aquí"

Un alto mando de la Policía Nacional desvela que el perfil del radical ha cambiado y ahora se centra en jóvenes desarraigados captados por internet

Yolanda Bernal

Barcelona - Publicado el

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El terrorismo yihadista ha mutado hacia un fenómeno protagonizado por jóvenes cada vez más radicalizados a través de internet, en un contexto de elevada tensión internacional que alimenta el riesgo. Así lo ha advertido Pedro, que és un nombre ficticio, jefe de la sección de antiterrorismo de la brigada provincial de información de Barcelona de la Policía Nacional, quien ha detallado el nuevo perfil del radical y los métodos de captación en un escenario donde España mantiene un nivel de alerta 4 reforzado sobre 5.

Un epicentro llamado Barcelona

La provincia de Barcelona se ha consolidado como el principal foco de operaciones contra el terrorismo yihadista en España, una realidad que el experto atribuye a una combinación de factores demográficos e ideológicos.  Según el responsable policial, la clave reside en que Barcelona alberga la población musulmana más numerosa del país en términos absolutos, así como una mayor concentración de centros salafistas.

El salafismo es precisamente “la ideología religiosa de la que surge la base del yihadismo combatiente”, la corriente más extrema en la que se han inspirado prácticamente todos los atentados en Europa. 

Agentes de la Policía Nacional en la lucha antiterrorista

Esta confluencia, sumada a la presencia de múltiples cuerpos de seguridad que investigan activamente, crea, según sus palabras, un escenario donde “es más fácil pescar aquí” y que afloren más casos por simple volumen.

Del 11-M al 'lobo solitario' digital

El perfil del terrorista ha cambiado “de manera sustancial” desde los atentados del 11-M en 2004. En aquel entonces, los ataques fueron perpetrados por células organizadas, con una estructura jerárquica y roles definidos, que mantenían vínculos directos con la matriz de Al Qaeda. Este modelo, explica Pedro, “prácticamente ha desaparecido” o, al menos, “es más difícil de encontrar”.

El punto de inflexión llegó a partir de 2014 con la irrupción de Daesh, que introdujo un paradigma completamente nuevo basado en el poder de la comunicación digital. “Daesh creó una maquinaria de propaganda increíble, eficaz y eficiente”, señala el experto, utilizando las redes sociales para difundir su ideología e inspirar ataques sin necesidad de directrices directas, dando lugar a la figura del terrorista individual.

Cada vez el yihadista, el radical, es más joven"

Una de las tendencias más preocupantes de este nuevo fenómeno es la edad de los radicalizados. “Cada vez el yihadista, el radical, es más joven”, afirma de manera contundente el responsable de la lucha antiterrorista. Explica que la captación se ceba con menores a partir de los 14 años, un colectivo especialmente vulnerable, ya que, desde un punto de vista psicológico, “la personalidad no está formada plenamente hasta los 25 o 26 años”.

Las redes sociales forman parte de la maquinaria de propaganda yihadista

La forja del radical: soledad, agravios e identidad

El caldo de cultivo para esta radicalización a menudo combina factores como el fracaso escolar, un cierto aislamiento social y una vida que se desarrolla principalmente en el plano virtual. Son jóvenes cuya “vida real no es la vida física, sino la vida virtual” de las redes sociales como TikTok o Instagram. En este entorno, los captadores encuentran un “caladero” de individuos influenciables.

La motivación, sin embargo, ya no es puramente religiosa o fanática. El nuevo enfoque consiste en canalizar un “agravio de Occidente” que sienten estas personas por la situación en los países musulmanes, ofreciéndoles “una violencia justificada por la religión”. Esta narrativa propagandística les proporciona un motivo y un sentido a su descontento.

La radicalización les da una identidad, una referencia clara"

Para muchos de estos jóvenes, a menudo segundas generaciones de inmigrantes, la radicalización llena un profundo vacío existencial. Son jóvenes que “no se sienten ni españoles ni marroquíes”, experimentando un fuerte desarraigo. En este contexto, el yihadismo funciona como un ancla: “La radicalización les da una identidad, una referencia clara”, así como un sentimiento de pertenencia a una comunidad.

La lucha contra este fenómeno ha obligado a la policía a centrar gran parte de sus esfuerzos en el ciberespacio, con una monitorización constante de la red para detectar procesos de radicalización en fases tempranas. 

Afortunadamente, el Código Penal español tipifica figuras como el enaltecimiento del terrorismo y el autoadoctrinamiento, lo que permite a las autoridades actuar de forma anticipada antes de que la amenaza se materialice.

Barcelona se ha convertido en el epicentro del yihadismo en España

Este autoadoctrinamiento es una pieza clave del proceso, donde el individuo no busca información con espíritu crítico, sino para reafirmar sus creencias. “Tú buscas en internet para reforzar la idea que ya tienes”, explica Pedro. El objetivo es “autocomplacerse en sus ideas”, buscando opiniones y referentes que confirmen la visión del mundo que ya han adoptado.

Actualmente, la amenaza más probable, según el experto, es la de los “lobos solitarios” o individuos que actúan por su cuenta tras ser captados en internet. El proceso suele comenzar con búsquedas en la red, seguido por el contacto en redes abiertas como TikTok, para luego pasar a canales privados en Telegram y, finalmente, a aplicaciones de mensajería cifrada como Signal. A pesar de ello, no se descartan otras amenazas, como las células organizadas tradicionales o las derivadas del tenso contexto internacional, con Irán como un actor a tener en cuenta por su capacidad de movilizar simpatizantes.

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.