Así es el "Hobby Dogging": pasear correas de perro pero sin perro
El llamado “hobby dogging” ha dejado de ser un tabú marginal para convertirse en una tendencia que se mueve por foros, redes y aplicaciones, y que abre un debate inesperado sobre soledad, curiosidad y salud mental.
Muchas personas encuentran en el hobby dogging una forma de escapar de la presión
Barcelona - Publicado el
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El término “hobby dogging” hace referencia a personas que acuden de forma regular a encuentros de dogging, no necesariamente para participar activamente, sino para observar. Para muchos no es una experiencia puntual, sino una afición recurrente, casi ritual, que se repite los fines de semana o en noches concretas. Se trata de un fenómeno discreto, que rara vez da la cara en público, pero que en los últimos años ha ganado visibilidad gracias a internet y a una mayor normalización de hablar sobre sexualidad sin tantos rodeos.
Lo que antes se transmitía de boca en boca ahora se organiza en foros específicos, grupos privados y plataformas digitales donde se comparten ubicaciones, horarios y normas implícitas. Esa facilidad para conectar ha sido clave para que el hobby dogging deje de ser algo anecdótico y pase a formar parte de una conversación social más amplia.
Las razones de su auge en una sociedad hiperconectada
Resulta paradójico que una práctica basada en la observación anónima crezca en una época dominada por la exposición constante. Precisamente ahí está una de las claves. Muchas personas encuentran en el hobby dogging una forma de escapar de la presión de mostrarse, de rendir o de cumplir expectativas. No hay selfies, no hay likes, no hay biografías que explicar. Solo estar y mirar.
También influye el cansancio emocional que arrastran muchas personas tras años marcados por la incertidumbre, el aislamiento y la digitalización acelerada de las relaciones. Para algunos, este tipo de encuentros ofrecen una sensación de pertenencia sin compromiso, una manera de sentirse parte de algo sin tener que implicarse demasiado.
Los países donde más se practica
El Reino Unido es, con diferencia, el país donde el dogging y, por extensión, el hobby dogging, está más arraigado. Allí forma parte casi del imaginario popular, con una red muy amplia de comunidades y espacios conocidos. En países como Países Bajos, Alemania y Francia también se detecta un crecimiento notable, ligado a una mayor apertura cultural en temas sexuales.
En España, aunque el fenómeno es más discreto, existe y va en aumento, especialmente en grandes áreas metropolitanas y zonas costeras. La diferencia es que aquí sigue envuelto en un mayor silencio social, lo que no impide que se mueva con fluidez en círculos muy concretos.
Una mirada desde la salud mental
La relación entre el hobby dogging y la salud mental no es sencilla ni uniforme. Para algunas personas, observar sin participar puede ser una forma segura de explorar deseos, curiosidad o fantasías sin cruzar límites personales. En ese sentido, puede funcionar como una válvula de escape, una experiencia controlada que reduce ansiedad o sensación de aislamiento.
Sin embargo, algunos expertos advierten de que, en ciertos casos, puede estar vinculado a dificultades para establecer vínculos íntimos, miedo al rechazo o una necesidad de estímulos externos para llenar vacíos emocionales. No se trata de patologizar la práctica, sino de entender que, como cualquier comportamiento repetitivo, puede tener significados muy distintos según la persona y el contexto vital.
Otras modas raras que también están ganando terreno
El hobby dogging no está solo en este catálogo de tendencias peculiares. En paralelo crecen fenómenos como el “quiet socializing”, quedadas grupales donde apenas se habla, o el “sleep tourism”, viajes organizados únicamente para dormir bien en hoteles especializados. También llaman la atención prácticas como el “digital detox extremo”, donde personas pagan por pasar días incomunicadas, o el auge de clubes de llanto, espacios donde se queda expresamente para desahogarse emocionalmente.
Todas estas modas, aunque muy distintas entre sí, comparten un hilo común: la búsqueda de sensaciones auténticas en un mundo saturado de estímulos y normas sociales.
Un fenómeno que incomoda, pero dice mucho de nosotros
El hobby dogging puede incomodar, generar rechazo o simple curiosidad, pero también actúa como un espejo. Habla de cómo nos relacionamos con el deseo, con la intimidad y con la necesidad de sentirnos acompañados sin exponernos demasiado. Más allá del morbo, su crecimiento invita a reflexionar sobre qué estamos buscando realmente cuando apagamos el móvil, salimos de casa y decidimos, simplemente, mirar.