El precandidato Laporta va con todo
A pesar de partir como gran favorito para las elecciones está haciendo campaña de aspirante.
Joan Laporta, durante el Barcelona-Levante
Barcelona - Publicado el
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Joan Laporta acude a las elecciones a la presidencia del Barça como gran favorito. A pesar de la delicada la situación económica del club, de los retrasos en las obras del Camp Nou, de la fuga de directivos y ejecutivos durante su mandato, de las sombras alrededor de distintas operaciones relevantes… el socio parece poner más en valor que el primer equipo de fútbol va bien y que la valentía de Laporta a la hora de tomar ciertas decisiones ha servido para que el club se mantenga en pie cuando parecía derrumbarse. Igual el derrumbe llega algún día pero no será corto plazo. Uno podía pensar que con este panorama Laporta aguardaría cómodamente sentando en su despacho a que llegara la fecha de las votaciones, pero no.
Laporta va a por todas en la campaña, está en su salsa. Lo mismo te cocina unos macarrones en el Bar Bocata, que te corta jamón en Andorra, que te conduce un toro mecánico en Mercabarna. La distancia corta es su fuerte. Nadie ha dejado de verle como el presidente. En el partido contra el Levante compró localidades contiguas al palco, si estornudaba se caía dentro. Yuste le alzaba el puño desde su interina silla presidencial. Gaspart acudía a abrazarle. En las carpas situadas fuera del estadio para recoger firmas la gente hizo cola para hacerse fotos con él. Medio club acudió a la presentación de su libro con Flick y Deco a la cabeza. Es normal que Flick le esté agradecido porque su fichaje fue una apuesta personal del presidente pero él es el entrenador del Barça, no de Laporta. Está en su derecho de hacer lo que le plazca pero guardar algo de distancia en esta coyuntura electoral sería más estético. Tampoco la plantilla disimula que está por la continuidad. No desaprovecha tampoco Laporta la ocasión para atizarle al Real Madrid, para quejarse de los árbitros, incluso ha llegado a pedir la grada de animación cuando fue él quien se la cargó. Ese discurso populista gusta y cala entre su parroquia que es mucha.
El lunes saltó la bomba que tanto temía Laporta y que podía hacer temblar el proceso electoral, la denuncia de un socio ante la Audiencia Nacional por blanqueo de capital y presunto cobro de comisiones indebidas entre otras cosas. Si la bomba llega a estallar será con efectos retardados porque lo primero que hay que ver es si el juez la admite o no a trámite. Laporta dice que el escrito se basa en recortes de prensa y documentos falsos. Que el denunciante se hiciera socio el día antes de demandar contribuye a alimentar la teoría de la conspiración. Sus rivales dicen que hay partido, de momento no parece.