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Madrid - Publicado el - Actualizado
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“ Yo me he parado en esta hora tranquila y silenciosa para hablarte llanamente de mujer a mujer. Quiero contemplarte sabiendo que palpitabas, que reías, que trabajabas, que fuiste mujer sensitiva y fuerte, conversadora y humana.
Necesito contemplarte así, más próxima desde la misma vertiente femenina. Como si mi mano abierta pudiera llegar a alcanzar la tuya. Si solo te viera como Mística, como Doctora, como Santa, mi voz habría de perderse en una distancia de infinitos sin llegar a ti.
Tu que en la vida combinaste con soltura, con armónica soltura, lo humano y lo divino, enséñame, enséñanos a las mujeres de hoy a vivir con tu espíritu en un mundo dislocado, pero que es nuestro y del que tu conseguirías también los mejores y más positivos resultados.
Enseña a las jóvenes mujeres , a las adolescentes, a llenar su vida de ideales auténticos, con algo más que los mitos del momento o aquellas ofertas de la sociedad de consumo. Enséñales a que sientan alegría de vivir, que esos grandes anhelos y afanes que siempre fueron patrimonio de la juventud vuelvan a tomar forma en tantas vidas sin rumbo.
Enseña a la mujer que trabaja en campos laborales e intelectuales a dar lo mejor de si misma , para esa sociedad que ya abrió para ella puertas cerradas hablando de derechos y equiparaciones. Que esta mujer revalorizada, no defraude y siga avanzando por caminos que tu dejaste trazados, rompiendo viejos moldes que encasillaban la personalidad femenina.
Teresa, Mística, Maestra, Doctora y Madre. Todo en ti sorprende, todo en ti es verdad. Pero lo realmente asombroso fue tu insólita sencillez: por fuera tu estameña y báculo como único bagaje de conquistas, y por dentro sin protocolo ni cartas credenciales, hablándote con Dios de Tu a Tu.
Tu nombre escueto, sencillo sin más : TERESA. Se hace sonoro, intenso, dulce, universal. Un nombre de mujer que admiramos todas las mujeres.