La peligrosa moda del vapeo: "Lo que consumen realmente no es vapor de agua, hay dispositivos que equivalen a 60 cajetillas"

El consumo de cigarrillos electrónicos entre menores se dispara gracias a su fácil acceso y a la reventa en los propios centros educativos, alertan las autoridades

Pilar López Isla

Zaragoza - Publicado el

6 min lectura

Parecía una batalla casi ganada contra el tabaco, pero un nuevo enemigo ha irrumpido con fuerza en los institutos y en la vida de los más jóvenes. La moda del vapeo está calando de manera alarmante entre los adolescentes, hasta el punto de que el consumo de cigarrillos electrónicos ya no se esconde en los baños, sino que ha traspasado las puertas de las aulas. Esta situación, que ha generado una enorme preocupación en familias y profesorado, ha llevado a los centros a pedir ayuda a la Policía Nacional. El agente Jesús Cortés, del Grupo de Participación Ciudadana, es uno de los encargados de acudir a los institutos para impartir charlas y hacer frente a un fenómeno que se extiende sin control.

Una moda con graves riesgos para la salud

Los vapeadores o cigarrillos electrónicos son dispositivos que calientan un líquido hasta convertirlo en un aerosol que se inhala. Lejos de la creencia popular de que se trata de "vapor de agua", como denuncia Jesús Cortés, estos líquidos suelen contener propilenglicol, glicerina vegetal, saborizantes y, en muchos casos, nicotina. "Lo que consumen realmente no es vapor de agua, como se les hace creer, son aerosoles y son cigarrillos electrónicos propiamente dichos", aclara el agente de la Policía Nacional durante su intervención.

Aunque existen vapeadores sin nicotina, la realidad que la policía encuentra en los centros educativos es bien distinta. "Los que nosotros estamos interviniendo directamente en centros educativos contienen altas dosis de nicotina, incluso muy por encima de lo que realmente está permitido en nuestro país", advierte Cortés. La cantidad es tan elevada que, según las estimaciones de los expertos sanitarios consultados por la policía, algunos de los dispositivos intervenidos tendrían "el equivalente a 60 cajetillas de tabaco".

Hay dispositivos con altas dosis de nicotina, incluso por encima de lo permitido en nuestro país"

Jesús Cortés

Grupo de Participación Ciudadana de la Policía Nacional

Los efectos sobre la salud, especialmente en organismos en pleno crecimiento, son devastadores. "Los adolescentes están en pleno desarrollo cerebral, con lo cual el consumir todo este tipo de productos que tienen algo tan adictivo como es la nicotina, y además en cantidades tan elevadas, pues hace que afecte directamente a su propio desarrollo", explica Cortés. La evidencia científica ya ha demostrado una relación directa entre el consumo de vapeadores y enfermedades pulmonares graves como el EVALI o el llamado "pulmón de palomitas", que provoca cicatrices en los bronquios y problemas de por vida en chicos y chicas muy jóvenes.

Está demostrada la relación entre el vapeo y enfermedades como el pulmón de palomitas"

Jesús Cortés

Grupo de Participación Ciudadana de la Policía Nacional

Las cifras confirman la magnitud del problema. Aunque hay adultos que vapean, la mayor proporción de usuarios sigue siendo gente joven, especialmente en la franja de 18 a 24 años. Según el informe nacional ESTUDES 2025, en Aragón un 24 % de estudiantes de entre 14 y 18 años ha vapeado en el último mes. A nivel mundial, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que al menos 15 millones de adolescentes de entre 13 y 15 años usan cigarrillos electrónicos.

¿Por qué engancha a los más jóvenes?

Uno de los principales ganchos de estos dispositivos es su presentación. Por un lado, las "campañas muy atractivas en redes sociales" con la participación de influencers y, por otro, un diseño con "colores muy llamativos, con formas que incluso parecen una chuchería", señala el agente. A esto se suma la inmensa variedad de sabores (frutales, dulces, mentolados), que no solo hace el acto más placentero, sino que incentiva su uso continuado por el componente sensorial.

Muchos usuarios, sobre todo los más jóvenes, creen erróneamente que vapear es menos perjudicial que fumar cigarrillos tradicionales. Esta percepción de que es una alternativa "más moderna" o "menos peligrosa" contribuye a la banalización de su consumo, pero, como advierten los expertos, no elimina los riesgos de adicción a la nicotina ni otros efectos sobre la salud.

El mercado ofrece una amplia gama de productos que se adaptan a todos los bolsillos, lo que facilita aún más su acceso. Los vapeadores desechables, diseñados para un solo uso, son los más populares por su simplicidad y su coste, que oscila entre los 8 y los 20 euros. También existen los recargables con ‘pods’ y los kits avanzados, cuyos precios de inicio se sitúan entre los 20 y 50 euros, una inversión que a largo plazo resulta más económica para el consumidor habitual.

Del consumo al ‘trapicheo’ en el aula

La normalización del vapeo ha provocado que los adolescentes ya no se escondan. "Ya no es en el exterior, ya no son en zonas cercanas, como veníamos detectando hasta ahora, sino que ya se da dentro de los propios centros, e incluso dentro de las propias aulas", constata Cortés. Esta pérdida de respeto a las normas y a la autoridad del profesorado es una de las consecuencias más preocupantes del fenómeno.

La situación ha llegado a tal extremo que el propio agente vivió un episodio revelador durante una de sus intervenciones. "A mí me ocurrió, directamente impartiendo una charla formativa, que un alumno sacó un dispositivo de cigarrillo electrónico y se puso a consumir en clase". Este acto, impensable con un cigarrillo tradicional, demuestra "esa banalización de los riesgos y esa normalización", apunta el policía.

Un alumno sacó un dispositivo de cigarrillo electrónico y se puso a consumir en clase"

Jesús Cortés

Grupo de Participación Ciudadana de la Policía Nacional

Estos desafíos a la autoridad generan conflictos constantes en el aula. Cuando un profesor detecta a un alumno vapeando y le pide que entregue el dispositivo, las reacciones son variadas: "Se enfrentan a esas situaciones, intentando negar la evidencia, guardándolos, incluso se nos dio también la situación de tirarlos para esconderlos por una ventana", relata Cortés.

En sus charlas, la Policía Nacional combina la prevención con la información sobre el carácter sancionador de estos actos. Les explican que la ley 28/2005 de medidas sanitarias contra el tabaquismo equipara estos dispositivos al tabaco, prohibiendo su venta a menores y su consumo en determinados espacios. "Muchas veces les llama la atención la posibilidad de multas económicas", admite el agente, una herramienta que resulta eficaz para que tomen conciencia de las consecuencias.

Los jóvenes revenden vapeadores en los propios centros educativos"

Jesús Cortés

Grupo de Participación Ciudadana de la Policía Nacional

Además del consumo, la policía ha detectado una nueva derivada: el "trapicheo". Alumnos que compran los dispositivos en páginas de internet, a menudo fuera del mercado español, y que luego los "revenden en los propios centros educativos". Esta actividad no solo conlleva problemas legales, sino que también puede derivar en otros conflictos, como "pequeños hurtos" o conseguir dinero en casa para financiar una adicción que ya se está consolidando.

La raíz del problema, según concluye el agente Jesús Cortés, es la "disponibilidad y accesibilidad tan sencilla" que tienen los menores a estos productos. Aunque la venta a menores de 18 años está prohibida, la realidad es que pueden comprarlos en estancos, tiendas especializadas, quioscos y gasolineras, pero también en "determinadas páginas de Internet que no tienen un filtro de edad", en "máquinas expendedoras" sin control o en "algún tipo de bazares donde los controles pueden ser más laxos". Una facilidad de acceso que alimenta una moda peligrosa contra la que la Policía Nacional asegura que seguirá luchando.

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.