La displasia de cadera en recién nacidos: la detección precoz evita cirugías en el 98% de los caso
Se estima que uno de cada veinte bebés nace con esta patología
El doctor José Lirola, especialista en Traumatología y Cirugía Ortopédica
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La displasia de cadera es la alteración esquelética más común del ser humano. Suele aparecer de forma congénita, afectando a uno de cada veinte bebés, aunque puede resolverse sin necesidad de cirugía en más del 98% de los casos si se detecta de forma precoz. El diagnóstico en los primeros tres meses de vida resulta determinante, ya que en esta etapa la cadera del recién nacido aún se encuentra en desarrollo y responde de manera muy favorable al tratamiento.
Esta alteración, presente desde el nacimiento, consiste en una malformación de la articulación de la cadera que puede variar en gravedad, desde formas leves hasta casos en los que la cadera está luxada, pudiendo afectar a diferentes estructuras. Si no se trata a tiempo, puede derivar en un desgaste precoz de la articulación. Tal y como explica el doctor José Lirola, especialista en Traumatología y Cirugía Ortopédica y miembro de la Unidad de Cadera del Hospital Quirónsalud Sagrado Corazón, “es fundamental identificar la displasia antes de los tres primeros meses de vida, ya que en este periodo neonatal la mayoría de los casos pueden corregirse sin necesidad de cirugía”.
Es fundamental identificar la displasia antes de los tres primeros meses de vida, ya que en este periodo neonatal la mayoría de los casos pueden corregirse sin necesidad de cirugía”
El diagnóstico precoz se basa principalmente en la ecografía durante los primeros tres meses de vida, mientras que a partir de los cinco meses se recurre a la radiografía. La ecografía presenta importantes ventajas, ya que no utiliza radiación, puede repetirse sin riesgos y permite obtener un análisis preciso mediante el método de Graf, un sistema estandarizado específico para recién nacidos que facilita la clasificación de la cadera y la toma de decisiones terapéuticas.
Gracias a este enfoque, cuando la displasia se detecta a tiempo, se logra la curación completa, entendida como una cadera completamente normal, en más del 98% de los pacientes tratados sin cirugía. Por el contrario, las intervenciones quirúrgicas se reservan para los casos más severos o para aquellos en los que el diagnóstico se produce de forma tardía, en la mayoría de las ocasiones, por no haberse realizado la ecografía en los primeros meses de vida.
Organismos como la Asociación Española de Pediatría destacan la importancia de la detección precoz en las patologías del desarrollo infantil, subrayando su impacto positivo en la salud a largo plazo. En esta línea, los especialistas apuntan a la necesidad de avanzar en la extensión y estandarización de estos modelos de cribado. “Lo ideal sería establecer los mecanismos necesarios para que la realización de ecografías de cadera a todos los recién nacidos sea de obligado cumplimiento, ya que esto permitiría diagnosticar y tratar a tiempo, garantizando un desarrollo normal de la cadera”, señala el doctor Lirola.
Lo ideal sería establecer los mecanismos necesarios para que la realización de ecografías de cadera a todos los recién nacidos sea de obligado cumplimiento, ya que esto permitiría diagnosticar y tratar a tiempo, garantizando un desarrollo normal de la cadera”
Junto al diagnóstico temprano, la formación de los profesionales sanitarios resulta clave para asegurar un abordaje integral de esta patología. El conocimiento y la correcta aplicación del método de Graf permiten a los especialistas ofrecer una atención completa en una sola consulta, incluyendo diagnóstico, tratamiento y seguimiento. En este contexto, la formación específica contribuye a mejorar la calidad asistencial y a ampliar el acceso de los pacientes a un tratamiento precoz y eficaz. “Cuantos más médicos conozcan y dominen estas técnicas, más pacientes podrán beneficiarse de un tratamiento adecuado desde las primeras etapas de la vida”, concluye el doctor Lirola.
La combinación de detección precoz, herramientas diagnósticas precisas y formación especializada se consolida como la estrategia más eficaz para garantizar que los recién nacidos con displasia de cadera puedan desarrollarse con normalidad y sin secuelas a largo plazo.