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Ad Libitum con Javier Pereda. Hoy: Goya

Tiempo de lectura:3Actualizado11:21

La película “La sociedad de la nieve”, que ha obtenido 12 premios Goya, ha confirmado el éxito previsto. La historia trágica y épica del equipo de rugby uruguayo en el accidente aéreo de los Andes se ha plasmado con acierto por José Antonio Bayona en la gran pantalla. Desde que comenzaran en 1987 estos galardones, que anualmente otorga la Academia de las Artes y de las Ciencias Cinematográficas de España, sólo dos películas, “Mar Adentro” y “Ay, Carmela”, la han superado con 14 y 13 premios. Si tuviera que elegir entre las películas ganadoras de los Goya durante estos 37 años —se podrían contar con los dedos de una mano— me inclinaría por la actual y “Campeones”, por su mensaje positivo y divertido. Desde que se proyectó la primera película comercial en 1895 por los hermanos Lumière en el Grand Café de París, el séptimo arte se ha convertido en un instrumento para la difusión de las ideas, la cultura y el entretenimiento. Si una imagen vale más que mil palabras, un metraje de dos horas puede dar para un libro. En otros lugares nos llevan la delantera, como en Estados Unidos, que en 1929 creó los Óscar; en México, los Premios Ariel en 1946; en Reino Unido, los Bafta en 1947; en Italia, los David Donatello en 1955; en Argentina, los Martin Fierro en 1959; y en Francia, los César en 1975.

Como el cine norteamericano es sin duda alguna el más brillante, haré el ejercicio de elegir —en mi opinión— las diez mejores películas premiadas con un Óscar a lo largo de estos 95 años en el “Dolby Theatre” de Los Ángeles. El lector podrá, en algún caso, discrepar o coincidir al elaborar su propia lista. Me quedo con las siguientes diez películas emblemáticas de Hollywood: “Casablanca” con los inconmensurables Humphrey Bogart e Ingrid Bergman; “Ben-Hur” con el inolvidable Charlton Heston; “Lawrence de Arabia” encarnado en Peter O´Toole y Anthony Quinn; “My Fair Lady” con una elegante Audrey Hepburn; “Un hombre para la eternidad” del director polaco Fred Zinnemann que retrata a sir Tomás Moro; “El Padrino II” de Francis Ford Coppola con Robert de Niro; “La Lista de Schindler’” de Steven Spielberg y Liam Neeson; “Braveheart” de Mel Gibson; “Gladiator” con Russell Crowe; y, porque hay que cerrar la lista, “Million Dollar Baby” de Clint Eastwood. Habría que incluir “Titanic”, por tener la mayor audiencia, con Leonardo DiCaprio y Kate Winslet; “Kramer vs Kramer” con Dustin Hoffman y Meryl Streep; “La Pasión de Cristo” con Jim Caviezel; y “Qué bello es vivir” con James Stewart, nominada a conseguir estatuillas. Siempre tendremos presente a directores como Capra, Ford, Huston, Nichols, Redford, Pollack o Costner. Y reconocemos a actores por su calidad como Gable, Tracy, Cooper, Wayne, De Niro, Fonda, Newman, Denzel Washington o Harrison Ford. Y a las actrices —que también omito el nombre para que el lector avezado los recuerde antes— Foster, Sarandon, Paltrow, Kidman, Theron, Mirren, Portman, Streisand o Roberts. Me dejo en el tintero muchos títulos y grandes artistas. Estos premios están cargados de intereses económicos e ideológicos. Por eso existen películas extraordinarias que no han logrado el metal de Bretaña; por ejemplo, las que continúan en las pantallas como “Nefarious” o “Sonido de Libertad”.

Sería encomiable que el cine español pudiera acercarse a la excelencia del estadounidense, que irradia un prestigio mundial, pero para ello debería imitar su modelo. Se precisa mejorar la calidad técnica y, además, dejar de ser un coto cerrado y sectario de determinadas élites progresistas, que, salvo honrosas excepciones, realizan un cine ideologizado en el que excluyen a quienes piensan de forma distinta. Si las subvenciones que ha recibido el cine español en 2023 fueron de 167 millones y ha recaudado 81 millones, significa que no es competitivo, que tiene que eliminar esas ayudas. De esta forma, dejará de existir la exacerbada polarización ideológica y el odio que arrincona a la mitad de los españoles. Mientras los “anabelenes”, “victormanueles” y “almodóvares” sigan con la mentalidad de las “dos Españas” (progresistas contra moderados), como representa en la imagen Francisco de Goya y Lucientes en su “Duelo a Garrotazos”, el cine español acabará por hundirse, con la única supervivencia de la mamandurria ayuda pública. Si los políticos intentan apoderarse de la cultura como instrumento ideológico de propaganda, terminarán por envilecerla.


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