LAS DIVINAS PALABRAS DE ERNESTO MEDINA | 29 ENE 2026 |

El profesor Ernesto Medina analiza la situación de los Puentes y otros asuntos de interés en Jaén

Tomás Díaz

Jaén - Publicado el

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Hemos estado en la antesala del fin del mundo. Las noticias locales eran una nómina de sucesos. Los grupos de Whatsapp ardían con vídeos de catástrofes giennenses. Las sirenas de los coches de bomberos y de la policía local se engarzaban en una melodía sin solución de continuidad. El teléfono de emergencias, saturado. Incluso mi querido Tomás Díaz recomendaba en estos mismos micrófonos no salir a la calle si no era estrictamente necesario. La lluvia persistente y alguna ráfaga de viento han sembrado el caos y el pánico. Con la consecuencia de que se adoptan a corto plazo medidas que no palían la falta de previsión anterior. 

No tiene mayor trascendencia que los parques se cierren mientras dure el temporal. Que la clausura se extienda a los polideportivos me parece excesivo. De la misma forma que se antoja ridículo que los colegios e institutos mantengan abiertas las aulas, pero que la Universidad de Jaén suspenda las clases. En realidad, tales decisiones son un ejemplo de que actuamos como la cigarra de la fábula. Durante los tiempos de bonanza obviamos que hay que estar preparados para el mal tiempo.

Es bochornoso que un escaparate de Primark en el centro comercial haya saltado hecho añicos. Que muchas tiendas del Jaén Plaza tengan goteras. O que las carreteras queden interrumpidas debido a una lluvia, intensa sí, pero lejos de ser torrencial. Es, simplemente, falta mantenimiento. Las incidencias en los trenes se daban por descontadas. Si no funcionan en condiciones climatológicas óptimas, excuso decirles cuando vienen mal dadas.

Los puentes han vuelto a inundarse. Los vecinos que tienen allí su residencia habitual, desalojados y acogidos en el Centro Municipal de Transeúntes. Volverán a inundarse las casas y a correr peligro vidas y bienes en cuanto llueva con una mínima intensidad. Porque la naturaleza prevalecerá siempre reclamando sus posesiones. El problema es que hay viviendas ilegales que ocupan las zonas de desbordamiento e impiden la circulación del agua cuando acontece una crecida. Yo no veré la solución. Mi hijo tampoco. Porque la decisión de derribo es impopular y ningún gobernante se atreverá a ejecutarla. Ni siquiera el cambio climático ayudará. Habrá sequía, pero los fenómenos torrenciales se producirán con mayor frecuencia.

Unos días de lluvia y viento nos sacan los colores, pero no a la Catedral que desagua la luvia en cascadas asombrosas a través de las gárgolas. Quizá sea exagerado postular que cualquiera tiempo pasado fue mejor, pero tengo la impresión de que tanta modernura nos hace ir p´atrás como los cangrejos.