Segundo Falcón y Manolo Franco, la conjunción emocionante del cante y el toque en La Platería

Los artistas ofrecieron un recital en homenaje a Miguel Ochando, de una altura flamenca de relieve

Festival de la Guitarra de Granada

Segundo Falcón y Manolo Franco en la Peña de la Platería

Jorge de la Chica

Granada - Publicado el

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En el panorama flamenco actual, es difícil encontrar una pareja de mayor relieve artístico que la integrada por Segundo Falcón, al cante, y Manolo Franco, a la guitarra. Si el primero posee una voz certera, afinada y dúctil ante la multiplicidad de palos, con el poco común don de un fraseo correcto, potente cuando es necesario y sutil cuando se requiere, el segundo es el catedrático más veraz, incluso desde un punto de vista académico, en el arte del acompañamiento, al margen de sus cualidades como solista. Con esta pareja, es difícil que ocurra otra cosa que no sea el surgimiento del éxito artístico, como sucedió en el recital que ofrecieron en la Peña de La Platería, durante el concierto dedicado a Miguel Ochando celebrado en el marco del IX Festival de la Guitarra de Granada-Antonio Marín.

Expectación en La Platería

 Expectación en La Platería  

El patio de la decana de la peña flamenca, escenario del espectáculo, presentaba antes del concierto la expectación propia de los grandes días. Aficionados al cante y al toque, entusiastas del flamenco y público ávido de nuevas sensaciones esperaban con emoción el inicio del recital, entre comentarios sobre la trayectoria de Falcón y Franco y muchas evocaciones en torno a la figura de Miguel Ochando, que tantas memorables actuaciones ha ofrecido en este recinto.

 Comienzo por granaínas  

Segundo Falcón quiso comenzar con una granaína de las que solían interpretar Enrique Morente y Miguel Ochando, sin eludir los célebres melismas morentianos, para adentrarse luego por soleá y continuar por alegrías, con una letra que hablaba de campanas, mientras —por curiosa coincidencia— sonaba la de la Torre de la Vela, que parecía querer sumarse de esta manera al concierto. La velada prosiguió con una hermosa petenera, con textos de Santa Teresa de Jesús. Más adelante llegaron las seguiriyas, la caña, la policaña y la malagueña, para concluir con una serie de fandangos de diferentes estilos que mostraron la riqueza de esta vertiente del flamenco.

La conjunción entre ambos artistas era evidente, y el público disfrutaba, estrofa a estrofa, de los cantes que, de forma cabal, fueron apareciendo en una de esas noches mágicas que solo el Albayzín y el cante jondo del sur de España pueden ofrecer.