La casa que transforma vidas: Proyecto Hombre forja una nueva oportunidad para empezar de cero
La comunidad terapéutica de la organización en Granada acoge a personas que luchan por una segunda oportunidad lejos de sus adiciones y problemas de salud mental
Granada - Publicado el - Actualizado
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En Huétor Santillán, se encuentra la comunidad terapéutica de Proyecto Hombre Granada, un recurso que su director, Manuel Mingorance, define como "la joya de la corona" de la organización. Este centro funciona como un hogar para 20 personas que buscan superar sus problemas de adicciones, aunque la alta demanda ha impulsado una ampliación para acoger hasta a 37. "Es una familia, es un hogar, es una casa donde se hace un trabajo personal, terapéutico, de crecimiento personal muy intenso", explica Mingorance sobre un espacio que ofrece un entorno de convivencia y apoyo durante las 24 horas del día.
Un proceso de renacimiento
Los usuarios que ingresan en la comunidad residencial presentan un deterioro importante en todas las dimensiones de su vida, desde la laboral y familiar hasta la salud. El programa, que puede durar de seis meses a un año, les ofrece un tiempo para "pararse, identificar las causas de ese consumo y poner remedio", según detalla Manuel Mingorance. El coordinador de la comunidad, Salvador Carrión, describe el día a día como "muy ajetreado", ya que los residentes se encargan de todas las tareas de la casa, desde la limpieza hasta la cocina, compaginándolo con una intensa agenda de terapias grupales e individuales.
El objetivo es que los usuarios se reencuentren consigo mismos y encuentren un nuevo sentido a su existencia, aunque Mingorance reconoce que es un proceso doloroso, "un parto a otra nueva vida". El alta terapéutica no la deciden los propios usuarios, sino que se consensúa con el equipo de profesionales cuando se han alcanzado los objetivos marcados en su itinerario personalizado. Para Salvador Carrión, la marcha de un residente con el proceso completado "es un día de fiesta, un trabajo bien hecho".
Estar aquí es de valientes"
Usuario de la Comunidad Terapéutica de Proyecto Hombre
Testimonios de una nueva vida
Ángel, de 35 años, lleva un mes y medio en el centro. Llegó en un momento límite: "Llevaba tres o cuatro días sin dormir, encerrado en mi cuarto, me quería morir, sinceramente. No le veía luz por ningún lado". Aquí ha descubierto que su problema real no era la adicción, sino la forma en que afrontaba su vida y sus traumas. "No es que esté rehaciendo mi vida, es que estoy viviendo una vida totalmente nueva", afirma. Ahora, su principal motivación es recuperarse por sí mismo para poder cuidar de su hija de un año: "¿Cómo voy a cuidar yo a mi hija, si yo mismo no me cuidaba ni me quería?".
La adicción en sí, no era el problema, sino mi vida era el problema"
Usuario de Proyecto Hombre
Marco Antonio, de 52 años, se encuentra en una fase más avanzada, con más de siete meses en la comunidad. Tras dos procesos anteriores sin éxito, supo que esta vez era diferente. "He descubierto un marco que no se viene abajo, que se siente valorado, arropado, escuchado, y sobre todo, que no se va a rendir nunca", asegura. Para él, estar en Proyecto Hombre Granada es un acto de valentía y anima a quienes se encuentren en una situación similar a que den el paso: "Les diría sobre todo que se dejen ayudar, y que esto sí que vale, porque se trata de nuestra vida y de la de los familiares que sufren contigo".
El miedo y la esperanza ante el futuro
La salida de la comunidad es un momento de sentimientos encontrados. Marco Antonio reconoce que existe el miedo a enfrentarse de nuevo a la sociedad, pero lo considera positivo: "Es un miedo que te tiene que acompañar, que te tiene que prevenir, tienes que estar en alerta". Lo compara con aprender a conducir: "Esto es como la autoescuela, y una vez que sales por esa puerta tienes que aprender a conducir". Para el equipo terapéutico, sin embargo, el momento más agridulce llega cuando un usuario decide abandonar el proceso a la mitad, ya que, como afirma Salvador Carrión, "las cosas a medias no nos gustan".
El director de Proyecto Hombre Granada, Manuel Mingorance, subraya que actualmente no existe la misma alarma social que generó la heroína, pero advierte que las adicciones al alcohol, la cocaína, el cannabis y las adicciones comportamentales —como la pornografía, las apuestas online o los videojuegos— están muy extendidas. Por ello, insiste en que las puertas del centro "siempre están abiertas para entrar y para salir", con una acogida "sin juicio" y una escucha "activa y empática" para todo aquel que decida pedir ayuda.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.