Un mes de la tragedia de Adamuz: «Lo llevamos en el corazón»
Los vecinos del pueblo cordobés que se volcó en el accidente ferroviario narran cómo afrontan el día a día entre el recuerdo imborrable y el orgullo por la humanidad con la que actuaron
Andalucía - Publicado el
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Un mes después del accidente ferroviario que conmocionó a España, la vida intenta volver a la normalidad en Adamuz (Córdoba). Las calles del pueblo recuperan su pulso habitual, aunque el recuerdo de la tragedia sigue muy presente en las caras y conversaciones de sus vecinos. La visita de la comitiva al completo de la Junta de Andalucía para la concesión de la Medalla de Andalucía ha vuelto a poner el foco en un municipio que demostró una solidaridad desbordante.
Las voces de los héroes anónimos
Uno de los protagonistas de aquella noche fue Gonzalo, el cuponero del pueblo. Sin pensarlo, cogió su quad y se dirigió a la zona del accidente para rescatar heridos. Un mes después, la procesión va por dentro. "Han pasado un mes, pero como si hubiese pasado ahora", confiesa. Aún no ha acudido al psicólogo que le han asignado, pero sabe que lo necesita para poder "sacarlo todo".
Necesito salir de aquí y desconectarme totalmente del tema"
Cuponero de la ONCE en Adamuz
Otro de los corazones de Adamuz aquella noche fue Ángel, del bar Antojos. Se metió en la cocina y no paró de preparar bocadillos para que nadie se quedara sin comer. "No queríamos que nadie se fuera sin comer", recuerda. Su bar se convirtió en un refugio improvisado para familiares, sanitarios, periodistas y Guardias Civiles. El recuerdo, admite, "no te se va de la cabeza, porque son cosas que no se van".
El alma de un pueblo ejemplar
Con 90 años recién cumplidos, Lola es memoria viva de Adamuz. "Yo he vivido aquí toda mi vida. No encontrará más cerca ni más lejos como es, con la gente abierta, queriendo ayudar, queriendo echar mano a lo que puedan", afirma con orgullo. A pesar de su larga vida, asegura que nunca había vivido algo así: "Sufro un montón con las personas que sufren y lo han pasado mal".
Sin embargo, la vida en el pueblo también enfrenta otros desafíos. Paco, otro vecino, lamenta que Adamuz está "demasiado tranquilo", aludiendo a la pérdida de población que sufre el municipio. Señala la dependencia del olivar y cómo cada vez menos gente se dedica al campo, un problema agravado por las recientes borrascas que han afectado a la cosecha, el principal motor económico de la localidad.
A pesar de las heridas emocionales, el espíritu de Adamuz permanece intacto. La Medalla de Andalucía es un reconocimiento que agradecen, pero como resume Gonzalo, no es lo más importante. El verdadero premio es otro, uno que no se cuelga en la pared, sino que se siente por dentro. "Todo lo que ha pasado lo llevamos dentro, en el corazón. Agradecemos, por supuesto, el reconocimiento".