¿Quién eres tú para decirme a mí eso? - Voces pausadas

¿Quién eres tú para decirme a mí eso?

Hace unos días, salía con una compañera de trabajar y la situación que vivimos fue cuanto ni menos sorprendente. Anduvimos por la calle y nos disponíamos a cruzar un paso de cebra cuando de repente un camión comenzó a pitar y a gritar. Nosotras nos giramos para ver qué pasaba y recibimos este comentario: “guapas, si yo os cogiera”.

Nuestra cara fue un poema, y sin pensarlo ni medio segundo, volvimos a hablar de la conversación que dejamos a medias. Pero, pensándolo en frío después, la impotencia y la rabia se adueña en mí. Y es que no podré entender cómo una mujer tiene que permitir esos comentarios -para mí, machistas-. Sin duda, comentarios salidos de lugar, sin venir a cuento. Porque, ¿quién eres tú para decirme a mí eso?, ¿qué pretendes coger?. No soy un objeto que puedas agarrar/sujetar/tomar,etc. Soy una persona, al igual que tú, la diferencia es el sexo -o quizá, nos diferencien muchas cosas más, visto lo visto- pero no eres nadie. Absolutamente NADIE, para hablarme a mí así, para decirme semejante “cosa”, semejante sandez.

Sé, que por desgracia, son muchas las mujeres que sufren a diario estas situaciones, incluso en ámbitos profesionales. Recuerdo que una profesora hizo una publicación en Facebook donde se sorprendía así misma de lo que había vivido en su trabajo. Lorena, así se llama la profesora, tuvo una reunión con unos concejales y le presentaron haciendo referencia a su físico. A continuación, se reunió con un arquitecto municipal, que estuvo 30 minutos sin mirarle a la cara. Eso sí, al resto de personas que se encontraban en la sala sí las miraba. La última sorpresa fue cuando tuvo que realizar una llamada a un cliente para decir que había ganado un pleito. La reacción del hombre fue: “damunt de templà, lista”, traducción en castellano: además de templada, lista. Acabo de poner unos ejemplos reales de una doctora de derecho que lucha cada día para ser una buena abogada. Y que luchará SIEMPRE, por una igualdad de géneros.

Es sin lugar a dudas bastante alarmante, pero es así. Se ha llegado a un punto donde además, la mujer tiene miedo e inseguridad en los espacios públicos. Espacios donde hay de por medio alcohol, drogas y en ocasiones ni eso. Las mujeres queremos tener la libertad y tranquilidad absoluta de ir por la calle sin miedo. O bien de no recibir el típico piropo no deseado, o esas intimidaciones que se realizan con una simple mirada. Tampoco queremos salir una noche de diversión y recibir un tocamiento ligero por parte de un chico sin consentimiento.

Últimamente, mucho se está hablando de los famosos puntos violeta, especialmente, con este verano. Y es que cuando llegan las buenas temperaturas, los festivales y las fiestas populares están a la orden del día. Pero, ¿en qué consisten los llamados puntos violeta?.

Son espacios seguros para las mujeres en los grandes eventos, llevados a cabo por los colectivos feministas. Con el objetivo de denunciar los acosos y violencias físicas o bien pedir ayuda –tanto práctica como psicológica-. Asimismo, los puntos violeta también informan para prevenir contra las agresiones sexuales.

Estos puntos se encuentran instalados cada vez en más festivales y fiestas de nuestro país. Buscan garantizar la seguridad de las mujeres y el disfrute de unas fiestas libres de comportamientos y agresiones sexistas. En los estand violeta se encuentra un equipo de profesionales especializados en psicología. Además de contar con profesionales del centro de Mujeres 24 horas y un equipo de voluntarias formado en este ámbito.

Nacen de la necesidad. Y es que hoy en día cualquier mujer puede llegar a informar que no es necesario que haya alcohol de por medio para producir un abuso o agresión. Es de especial relevancia tener un lugar seguro donde puedan acudir las víctimas para desahogarse al narrar sus difíciles historias. Como también de buscar un apoyo absoluto además de justicia.

Las primeras casetas de información sobre agresiones sexuales tuvieron lugar en los Sanfermines de 2015. Pero, sucesivamente se han abierto en otras ciudades de nuestro país, como en Bilbao, Madrid, Valencia, Barcelona –entre otras-. La principal función de los profesionales que se encuentran en ellas es asistir a las víctimas.

Desde aquí, te animo a acudir a un punto violeta si así lo necesitas. Pide ayuda y no te calles, porque no estás sola, ¡Cuéntalo!.

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