Nuestra Señora de la Luz: la esencia de la Sagrada Familia - Pateando A Coruña

Nuestra Señora de la Luz: la esencia de la Sagrada Familia

Calle Nuestra Señora de la Luz. Comienza en la calle González del Villar y termina en la Ronda de Outeiro. 20 números. 180 metros. 15007.

La virgen venerada en México

Nuestra Señora de la Luz podría ser una calle de Italia… o de México. No por su arquitectura ni por la nacionalidad de sus habitantes, sino por su nombre. Y es que fue en Palermo donde nació esta advocación mariana, de la Virgen de la Luz.

Cuentan que en el siglo XVIII una monja de esta ciudad italiana contempló una imagen de la Virgen María que sostenía en sus manos un alma para evitar que fuese devorada por una bestia maligna.

Un padre jesuíta, Juan Antonio Genovesi, encargó a un pintor que plasmase esa visión y la llevó por el mundo a través de los misioneros. El cuadro fue trasladado a una Iglesia jesuita de Guanajuato, en México. Desde entonces, esta luminosa advocación mariana goza de una gran popularidad en este país centroamericano.

Un barrio de origen católico

Nos explicamos mejor el nombre de Nuestra Señora de La Luz si miramos a nuestro alrededor. Fe, Nuestra Señora de Fátima Sagrada Familia… las calles vecinas nos recuerdan en sus nombres el origen del barrio. Fue erigido entre los años 50 y 60 gracias a la iniciativa de la Entidad benéfico-Constructora Sagrada Familia, de inspiración católica. Levantaron viviendas sociales y asequibles que formaron un barrio humilde y solidario.

Su sede se ve desde aquí, en una plazoleta que da a Alberto Datas Panero en la que también está una de las sedes de atención primaria de Cáritas. Hablamos con la directora de Cáritas Interparroquial en A Coruña, Pilar Farjas, en COPE:

La Sagrada Familia vivió en los 80 como pocos barrios la dureza de las drogas y la marginalidad. Ahora, la multiculturalidad es una de sus señas de identidad.

Muchos coches frente a los bajos vacíos

Señalizada como zona 30, en Nuestra Señora de la Luz hay para aparcar en ambos lados. Más coches estacionarían si hubiese más sitio, por eso hasta los pasos de cebra y las aceras se aprovechan.

Y las zonas de carga y descarga también, ya que el comercio no es, precisamente, lo que abunda aquí. En Nuestra Señora de la Luz hay más persianas bajadas que subidas. Cada bajo que cierra, no consigue remontar.

Queda algún bar, una lavandería, peluquerías o el Gadis que reabrió , remodelado, hace unos años. Y bajos que se utilizan como rastro, como un local de scouts o de alquiler para fiestas. El resto, nostalgia de otros tiempos.


Edificios sin ascensor y okupas

Una inmobiliaria publicita pisos que están, en su mayoría, en Novo Mesoiro. Allí los edificios son modernos, asequibles y, sobre todo, con ascensor. No como los que tenemos alrededor, con los cables por fuera y las arrugas del paso del tiempo. La calle se hace vieja, y con ella, sus vecinos. Están los que vemos paseando, pero también los que permanecen ocultos. Muchos viven atrapados en sus casas, sin poder bajar las escaleras, a la espera de que llegue una ayuda, o el acuerdo de los vecinos, para instalar el ascensor.

También están los que habitan al margen de la ley. El número 4 de la calle podría pasar desapercibido si no fuese porque la puerta la tapan cartones y papel de regalo y por la falta de cristales de algunas ventanas. Tres pisos okupados desde hace unos años, que traen consigo algún que otro conflicto

Un trágico escape de gas

El edificio está al lado de otro con historia. Rojizo y redondeado, está ocupado, en este caso, por la tragedia. Un 11 de julio de 2012, una gran explosión hizo retumbar todo el barrio. Había estallado un quinto piso, del que salían las llamas.

Una bombona tuvo un escape de gas fatal, que que se llevó por delante la vida de Martín. Tenía 57 años y vivía solo. Muchos recuerdan aquel día como si fuese ayer. Incluso la distancia a la que llegaron los cristales de la ventana que reventó.

Paredes que hablan

En las paredes de Nuestra Señora de la Luz se plasman historias de amor que seguramente hayan terminado mucho antes de que alguien se decida a pintar los grafitis por encima.

La de Zayra y Alfredo,  de I y M o la de las amigas que pintan con rotulador de alcohol sus nombres en una tarde aburrida mientras alguien, con un spray azul, contesta en la misma pared. con un “cerdos”. Diálogos nada artísticos en una calle con nombre luminoso pero que tiene margen para mucha más luz.

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