Javier López López: subimos el bulevar del Oleoducto - Pateando A Coruña

Javier López López: subimos el bulevar del Oleoducto

Calle Javier López López. Comienza a la avenida de Monelos y termina en Monte das Moas. 27 números. 500 metros. 15009.

La calle de un vecino héroe

Todavía a muchos les cuesta ubicar la calle Javier López López en el mapa de A Coruña, y eso que las placas explican profusamente el antes y después de esta vía, que cambió de nombre y de apellidos en 2014. Javier vivía muy cerca de aquí, en O Castrillón. El hijo de los dueños del café bar Miña Terra se licenció en Derecho, pero su vocación era ser Policía Nacional.

Por este sueño luchó, ejerciéndolo fue feliz y en servicio murió, esa fatídica noche de 27 de enero de 2012 en la que vio cómo un estudiante eslovaco desaparecía entre las olas.  Hizo lo que le salió de adentro: tirarse al agua. Intentar rescatarlo le costó la vida a él y a los otros dos Héroes del Orzán.

Rememora la angustia de esos días el director de Seguridad Ciudadana del Ayuntamiento de A Coruña, Carlos García Touriñán:

La ruta subterránea a la refinería

Antes de esta trágica historia que vino con las corrientes, esta vía de Monelos se dedicaba al río de oro negro que esconde el subsuelo. Bajo la que se conoció muchos años como calle Oleoducto pasa, desde 1964, parte de la ruta del crudo de A Coruña. Son más de seis kilómetros que unen el puerto y la refinería. Aunque, si somos rigurosos, la calle Oleoducto se tenía que haber llamado poliducto, porque son 14 los tubos que forman esta ruta subterránea.

Las tuberías, que estaban al principio rodeadas de un alto muro, forman ahora un gran bulto revestido de verde en medio de la calle.  Cuando la calle no era un bulevar ajardinado, el ambiente era muy distinto. Hace décadas era el Monte das Perdiceiras y apenas presentaba unas pocas casas diseminadas. Y la vivienda de muchos vecinos de Oleoducto antes de la década de los 2000 era una chabola.

Las viviendas de Eirís

Hoy en día, esta ancha calle bulevar está rodeada de edificios. Más antiguos a la izquierda y de reciente construcción a la derecha. Aquí están los bloques de vivienda pública de Eirís. 

Estos pisos fueron noticia hace más de una década. Entonces, en el barrio iniciaron una serie de manifestaciones ante la posibilidad de que chabolistas de Penamoa, el poblado que se estaba desmantelando, pasasen a ser vecinos suyos. Esto no pasó, aunque sí se registran problemas de convivencia en algunos portales, como robos o desperfectos. 

Senda verde y poco aparcamiento 

Calle sin salida y puerta de entrada al Parque de Eirís, el bulevar del Oleoducto se completa con un edificio moderno de 2×1: centro de día por una puerta y escuela infantil, por la otra.

Abunda el verde. El libre, en maleza sin controlar, y el oficial en el bulevar central, en el que muchos perros aprovechan para correr sin correa con el permiso de sus dueños.

Aquí el sol da de lleno, para alegría de las terrazas de los bares. Son tan demandadas como las plazas de aparcamiento, escasas, sin duda,para el volumen de gente que vive y se mueve en el entorno. Muchos vehículos invaden zonas privadas con frecuencia.

El futuro sin poliducto, pero con cuesta

Es de esperar que Javier López López cambie en un futuro próximo, cuando Repsol se traslade al puerto exterior y desaparezcan de las entrañas de A Coruña las tuberías del poliducto. Los plazos para algo tan importante son siempre mucho más lentos de lo que se plantea, así que de momento lo que queda es imaginar.

Para hacerlo, es mejor observar esta calle de montaña desde arriba, porque si uno mira desde Monelos la vista no alcanza ni a la mitad del recorrido. Y es que, para quien se muda aquí por primera vez, la heroicidad es empezar a acostumbrarse a vivir entre las cuestas de este Angliru coruñés.

                                       

 

 

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