Cantones: La fachada noble de Pescadería - Pateando A Coruña

Cantones: La fachada noble de Pescadería

Cantones. Comienzan en Rúa Nueva y terminan en la plaza de Mina. El Grande, 9 números. El Pequeño, 29. 350 metros. 15003.

Los Cantones, fachada marítima

El nombre de los Cantones no parece estar relacionado con la división política-administrativa a la que se refiere su definición, sino con la palabra “cantil”, un lugar con escalón hacia la costa. Y es que la historia de este lugar se escribe, literalmente sobre el mar, que todavía inunda algunos sótanos y el parking subterráneo en jornadas de temporal. 

Hasta mediados del siglo XIX, el agua llegaba hasta el Obelisco. Entonces, el Cantón Grande era el Muelle de la Leña y el Pequeño, el de la Sardina. Aquí tenían licencia los pescadores para limpiar este pescado. Poco después, comenzarían los cambios, y del mar salado se pasaría a los geométricos diseños de los Jardines del relleno en una nueva fachada marítima que marcaría el inicio del Ensanche coruñés.

Jardines de Méndez Núñez

Esos jardines se bautizarían en honor a Casto Méndez Núñez, un marino español que combatió en la armada, y con el tiempo fueron ganando en atracciones. El calendario floral, que cambia con esmero un jardinero todos los días, es una de las partes más fotografiadas del espacio verde por excelencia del centro de A Coruña.

 

Pero Méndez Núñez va mucho más allá:  es un muestrario botánico al aire libre con especies que van de los rosales al ombú, pasando por un palmeral canario declarado formación singular en el Catálogo de Árbores Senlleiras de Galicia.

   

Y también es un museo: aquí están colocados más de una quincena de bustos y esculturas que reconocen a escritores como Valle Inclán, políticos como Suárez Ferrín, músicos como John Lennon o incluso al libro, en el primer monumento dedicado a la lectura que hubo en el mundo. La pena es que no cunda el ejemplo entre los asistentes al botellón nocturno, que la toman de cuando en cuando con estos personajes. 

La delicada decadencia de la Atalaya contrasta con la imponente presencia del conjunto modernista que forman el Kiosko Alfonso y el edificio de La Terraza y que rompe el hotel Atlántico, que está arquitectónicamente a años luz de aquel Atlantic que se derribó en 1967.

 

Bancos, fundaciones y pocos vecinos

La acera de enfrente es la que está numerada, y la que está edificada. Y vaya edificios los de tiene los Cantones: aquí se construyó el primer rascacielos de España. Era 1925 y 1929 la sede del Banco Pastor fue, con once plantas, la construcción más alta de todo el estado hasta que llegó desde Madrid la Telefónica de Gran Vía.

 

Las imponentes sucursales de bancos como el BBVA o el Santander conviven con las singulares sedes de instituciones como las de la Fundación Barrié, la ONCE o Afundación, polémica en su momento por su parecido a un tanque. Mirándolas a todas está el edificio de R, que cambia los colores y los motivos de su fachada según la estación del año. Y, escondido, el edificio del Cine Avenida, tristemente reducido a soporte de lona publicitaria mientras se va deteriorando sin remedio.

    

Este lado es el que más se usa para pasear, y uno podría vivir todo el invierno aprovechando el sol del Cantón Pequeño, donde la temperatura siempre sube un par de grados a mediodía respecto a otras zonas de la ciudad. Lo malo, es que en los Cantones la vivienda es un bien escaso, y valioso: un estudio de la Xunta realizado en 2017 situaba estas en dos calles entre las más caras de la ciudad, con un precio de casi 5800 euros por metro cuadrado.

Aún así, vecinos ilustres de estas dos calles ha habido unos cuantos a lo largo de la historia. Por citar solo a algunos podríamos nombrar a César Alvajar, Carmela Arias, Meilán Gil, Daniel Carballo o Ángel Senra. Todo esto y mucho más lo recopila Vicente Iglesias en su libro «Los Cantones Coruñeses», del que hablaba en COPE Coruña: 

Obelisco, el émulo coruñés

El vecino más fiel de los Cantones es el Obelisco, uno de los símbolos de la ciudad. Su historia es curiosa: en 1893 hizo escala en el puerto de A Coruña el barco que llevaba a París el Obelisco egipcio que se instalaría en la plaza de la Concordia. Tanto éxito tuvo esta inesperada atracción, que dos personajes de la época decidieron erigir uno propio para la ciudad.

Dos años después, y gracias a una suscripción popular, nació el llamado Obelisco. Así se denominó a esta columna conmemorativa octogonal, con reloj, termómetro, barómetro y un homenajeado: Aureliano Linares Rivas, el diputado que impulsó la llegada del tren a la ciudad. El monumento está frente Marchesi y Dalmau, una de las dos calles que el alcalde Marchesi tiene en A Coruña. La vía solo tiene un número, y es, curiosamente, un gran bajo comercial en el que actualmente se ubica la tienda de Mango.

Más bajos vacíos en una calle de caminar

Fuera de los ámbitos financiero, administrativo y cultural, en los Cantones también hay comercio, aunque los negocios abiertos se pueden contar con los dedos de una mano: una librería, una farmacia, un restaurante, una tienda de chucherías o una óptica.

El Cantón Pequeño y el Grande son zonas de tránsito, especialmente peatonal. Las fotos con coches aparcados rodeando el Obelisco parecen ya muy antiguas. Cierto es que entonces no había un aparcamiento subterráneo bajo de la superficie de Los Cantones. De todas formas, el tráfico rodado se ha reducido considerablemente desde que La Marina tiene la circulación restringida. Del tranvía de mulas se ha pasado a 10 líneas de bus y a la bicicleta, con carriles de zona 30 de la calzada y una zona acotada, separada con pivotes, a la altura del cantón Pequeño. Es un misterio el microclima que rodea a este reciente carril bici de los Jardines, porque raramente se presenta sin charcos, incluso en días de sol. 

El modelo de movilidad es uno de los retos de estos Cantones que periódicamente se cortan para carreras o, cada vez menos, manifestaciones. Este céntrico emplazamiento ha sido testigo de grandes momentos de la historia coruñesa. Incluso de la muerte de un héroe: en una vivienda del Cantón Grande falleció desangrado en 1809 el general inglés Sir John Moore. Estaba gravemente herido por una bala tras defender la ciudad del asedio francés.

Una placa que pasa desapercibida recuerda una de las gestas vividas por estos Cantones sin los que no se pueden escribir las grandes páginas del libro de A Coruña.

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