'En el corredor de la muerte’, una vida naranja - Libros a pie de calle

‘En el corredor de la muerte’, una vida naranja

En el afán por la búsqueda de historias humanas no todo vale. Al final, entre cientos de banalidades, surge alguna con la entidad y el interés suficiente para ser contada en un libro. Por qué no empezar el año hablando de una que, probablemente, sea la más increíble, literalmente hablando, contada a finales de 2018. Solucionado el apabullante escándalo del embargo de ‘Fariña’ -que, por cierto, todavía no he leído- Nacho Carretero decidió difundir con su nuevo libro ‘En el corredor de la muerte’, editado por Espasa, la de Pablo Ibar.

Ya advierte el autor antes de iniciar la narración que en estas páginas “no hay una palabra al azar, un adjetivo de más”. Este texto es la traducción de testimonios reales al más puro lenguaje periodístico y con un perfecto rigor ortográfico que, sin florituras y adornos que apelen al sentimiento, te arranca más de una lágrima rezumante de indignación. En ocasiones la realidad es más dura que cualquier drama transformado para emocionar. En este caso porque es complicado ponerse en la piel de alguien como Pablo. Estas cosas “no pasan”.

Este libro no pasará a la historia por ser el ejemplo literario de una época, porque tampoco lo busca, creo. Lo interesante en estas páginas son los hechos que cuenta. Hablan por sí solos. No hace falta transcribir ningún testimonio, ahí están, son reales y cargados del sentimiento de sus protagonistas.
 

“ Yo era más alegre, reía más. Tenía sueños, quería ser un pelotari como mi padre, tener una familia, estar con mi mujer. Y ahora no sé si voy a tener vida. No sé. No tengo confianza. No sé lo que es vivir. (…) Es un mundo dentro de otro mundo. Solo somos un número. Esa es la diferencia, antes yo era alguien, ahora no soy nadie. Este sistema me ha robado todo, hasta mis sueños”

 

Pablo Ibar fue condenado a pena de muerte en Florida en el año 2000. Permaneció en el corredor de la muerte hasta el año 2016, momento en el que, al límite de agotar sus recursos legales, utilizó su último cartucho ante el Tribunal Supremo de ese Estado. Determinaron que el protagonista de esta historia no había tenido un juicio justo. Ahora, Pablo, lucha de nuevo para demostrar su inocencia en un proceso que comenzó hace apenas unos meses y del que podríamos conocer el veredicto esta semana. Un resultado con tres posibles finales: culpable, no culpable o juicio nulo.

El 14 de julio de 1994 fue el último día que Pablo pudo disfrutar de la libertad. Elegir qué ropa vestir, a qué sitios ir, con quién pasar las tardes, las mañanas o las noches. Fue detenido y acusado de asesinar a dos mujeres y un hombre. Indicios y pruebas endebles, ruptura de la cadena de custodia y dudosas prácticas policiales. ¿Culpable o inocente? Cada cual es libre de leer la sucesión de los hechos que narra Carretero y decidir qué cree y que no.
 

“Trato de no pensar en mi ejecución, pero a veces no lo puedo evitar. Cuando van a ejecutar a otro preso, cuando en una película se habla de eso, cuando alguien lo comenta… Piensas en lo que te está esperando a ti. Vivir así es duro. Como una cuenta atrás que estás intentando parar”

 

Y es que la historia de Pablo parece de película. Y probablemente quienes tienen en mente plasmarla en video están esperando al final de esta historia. Mientras no llega es inevitable pensar una y otra vez en la surrealidad que la rodea. Cuando se estrenó ‘La milla verde’, Pablo ya estaba en el corredor de la muerte. Cuenta algo que él afirma: la cruda realidad de los presos en cárceles de Estados Unidos. Cuando se estrenó ‘La vida de David Gale’ Pablo ya estaba en el corredor de la muerte. Cuenta algo que, presuntamente, le pasa a él: un inocente condenado a morir. Y cuando Truman Capote escribió ‘A sangre fría’ muchos, como yo, nos sentiríamos contrariados al empatizar con un sanguinario asesino. Y, sin hacer referencia a Pablo, no he podido, por menos, sentir lástima de aquellos condenados que ni siquiera pueden salir de sus celdas mientras esperan a la muerte.

Pero, ¿Quiénes somos para juzgarlo? Solo se puede creer en lo que es él para ti. Si es culpable cuesta creer que alguien sea capaz de mentir tan bien durante más de 20 años. Cuesta creer que, si es culpable, ninguna persona de su entorno haya tenido ligeras dudas sobre su testimonio. Cuesta creer que, si Pablo Ibar mató a esas tres personas, su novia, de tan solo 16 años cuando ocurrieron los hechos, no lo haya abandonado, sino que decidió formar una familia con él a riesgo de perderlo para siempre. Y, si es culpable, cuesta creer que incluso desde las esferas de lo políticamente correcto se haya empatizado con él.

Yo solo me siento orgullosa de que, a pesar de los discursos exaltados que nos acompañan, en este país siga sin existir la pena capital. A Pablo la sentencia se le vino encima rodeado de una fuerte presión mediática, y no fue al único. Por poner un ejemplo, aquí en España, sin ir más lejos, una mujer, Dolores Vázquez, permaneció, injustamente, casi un año y medio en la cárcel por un crimen que no había cometido. ¿Y si no se hubiese encontrado a Tony King? ¿Habría cumplido los 15 años de condena? La justicia, a veces, pocas, falla.
 

Portada 'En el Corredor de la muerte'
 

Autor: Nacho Carretero

Editorial: Espasa

Publicación: 2018

Páginas: 170

Precio: 19,90 €
 

¡A leer!

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