Ricky Rubio hace brillar de nuevo a los Suns - Con Basket si hay paraíso

Ricky Rubio hace brillar de nuevo a los Suns

En tierra árida parece demasiado recurrente hablar de travesía del desierto, pero es justamente lo que han recorrido en Arizona los Phoenix Suns, un equipo otrora brillante, lleno de vigor y de buenos jugadores que se codeaban con lo mejor de la conferencia Oeste, y que lleva desde 2010 sin jugar Playoffs. Los Suns rozaron durante algunos años una gloria que nunca llegaron a alcanzar en forma de anillo. Pero la ausencia de títulos no evitó que fuera un equipo atractivo durante muchos años, primero en la época de Barkley y después en la más reciente de Nash y Stoudemire, con Mike D’Antoni en el banquillo y aquel juego rápido y de fácil gatillo. Sin embargo, en los últimos años, los Suns han estado siempre entre los peores equipos de la NBA.

Phoenix Suns había brillado como el sol de Arizona durante aquella época de juego rápido y vistoso, pivotando en el talento de uno de los mejores directores de juego de la historia, Steve Nash. Pero ése era un viejo recuerdo, casi una década sin entrar en playoffs es mucho tiempo. En Phoenix la gerencia deportiva había sido errática y no acertaban en la reconstrucción, hasta el punto de haberse desprendido de una buena cantidad de talento en pos de una reconstrucción que nunca llegaba. Jugadores como Dragic, Bledsoe, Isaiah Thomas, los hermanos Morris etc fueron desfilando, y los equipos de los últimos años eran una máquina de perder.

Hoy los Suns son otra cosa. Es cierto que la temporada no ha hecho más que empezar, pero los Suns ya tienen balance positivo, 6-4, lo que es mucho decir, teniendo en cuenta el pasado reciente, son octavos, pero sobre todo el equipo desprende un aroma diferente;  hay un equipo, hay unas bases, hay talento, se ve a lo que juegan, es posiblemente el amanacer de algo distinto. Ante esa primera luz del día se encuentra un equipo que ahora se puede denominar como tal, en el que el MVP del último Mundial, Ricky Rubio, dirige con sentido a ese grupo de jugadores. Es un equipo que trata de jugar a algo, que es reconocible, un juego coral con gusto por compartir el balón, con acierto en el tiro exterior y energía para defender.

No es cierto que no tenga una estrella, la tiene, es Devin Booker, un jovencísimo valor pero con todo para decidir partidos; un gran anotador, gran tirador, de gran movilidad capaz de fabricarse sus tiros pero también de coger y tirar, de gran dominio del espacio y gran gestor de su propio cuerpo, un jugador preparado para los momentos calientes y ser decisivo. Es muy bueno y será aún mejor. Todo un jugón producto del Draft en el que sentó su reconstrucción la franquicia de Robert Sarver. Pero Booker solo no bastaba, y hoy está más arropado de talento.

Después de decisiones tan estúpidas como renunciar a Bogdan Bogdanovic a cambio de Marquese Chriss, y el desierto de los últimos años, Sarver al fin dio un golpe de timón en la franquicia para situar como nuevo manager general a un viejo conocido y campeón de la NBA con Miami que acababa de colgar las zapatillas, James Jones. Con Jones las cosas empiezan a tener cierto sentido. Contrataron a Monty Williams como técnico e incorporaron a un verdadero director de juego con un gran contrato, Ricky Rubio, llegado como jugador libre. Además, la temporada pasada habían incorporado al joven Kelly Oubre Jr. y han reforzado la pintura a hombres que conocen su oficio como Aaron Baynes o el talentoso e infrautilizado en Charlotte, Frank Kaminsky. Como nunca todo puede salir bien, a los Suns han perdido por 25 partidos al joven pívot DeAndre Ayton, número 1 del Draft del año pasado por violar la política antidroga. Tomó un diurético que se considera producto enmascarador de otras sustancias, no significa que haya tomado alguna clase de ayuda, pero la sanción ahí está.

Phoenix Suns plantó cara y bien plantada a los Angeles Lakers de Lebron James la otra noche. Un partido para disfrutar, alegría para los ojos. Con alternativas entre ambos, juego dinámico, bonitas acciones, una alegría en definitiva. En estos Phoenix Suns de momento todos son importantes, han juntado el suficiente talento como para ser un equipo ganador, tienen la ética defensiva de Ricky Rubio dando ejemplo, y en ataque el catalán busca la mejor opción abierta o bien se la juega él con una solvencia y seguridad como pocos bases. Ricky ha desarrollado un recurso que ya en Utah Jazz convirtió en arte, la extensión del brazo muy hacia adelante para dejar la bandeja, incluso a aro pasado. Con infalibilidad, con despligue físico en ese paso y su largo brazo para alejar el balón del tapón.  El MVP del Mundial además aprovecha su mejoría en el triple, de tal forma que se ha convertido en una gran amenaza real para el rival mientras algunos ya dudan en seguir flotándole, mal negocio.

Con Ricky sabes que el balón va a terminar llegando a las mejores opciones para anotar, y gozan estos Suns de mucho tirador y bueno. Phoenix anota desde todas partes, ante los Lakers por ejemplo fueron 16 triples. Con mucho jugador abierto, Booker, capaz de jugar de fuera o buscar la media distancia entre las defensas, más talento joven con Kelly Oubre, cuyo mejor baloncesto se está viendo en Arizona, los dos Jonhson, Tyler y Cameron, hombres altos con muy buena mano como Dario Saric, Frank Kaminsky, o Baynes , convertido en los últimos tiempos en un hombre grande también muy fiable en el triple, los Suns tienen puntos en sus manos. A poco que cierren más su aro, Phoenix puede dar muchas alegría.

Los Suns vuelven a brillar, no tanto aún por lo que son hoy como por lo que anuncian que pueden ser. Una franquicia en evolución en la que su dueño ha conseguido al fin empezar la construcción de una nueva ciudad deportiva. Sarver ha sido objeto de mofa durante muchos años entre parte de su hinchada y parte de la NBA por esa travesía del desierto, pero si algo ha demostrado el financiero de Tucson es ser su perserverancia y resistencia al fracaso.  A los mandos de un jugador que es un orgullo para todos nosotros, Ricky Rubio, los Suns vuelven a brillar.

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