1ª feria de abril

Oreja para Lama de Góngora y vuelta al ruedo para Moral, ambas excesivas

Completó la terna Fabio Jiménez, que dejó buenas sensaciones pero no pudo redondear en una tarde marcada por la lluvia.

EFE

Pase de pecho de Lama de Góngora durante su actuación este sábado en Sevilla

Redacción Toros

Publicado el - Actualizado

3 min lectura

Manuel Viera

Tuvo la oportunidad única para mostrar una tauromaquia que hasta la fecha no ha sido valorada ni reconocida como merece. Quizá porque las acometidas del toro que le ha tocado lidiar en el tipo de corridas con la que se la ha jugado cada tarde, nada tienen que ver con la nobleza y calidad de la embestida del toro de Alcurrucen por él lidiado en cuarto lugar.

Fue lúcido y profundo el toreo de Pepe Moral, con la derecha. Una lidia coherente con la nobleza de “Tonadillo”, ese berrendo en colorao con el que el diestro palaciego tuvo momentos de gran interés con los pies muy asentados en las series de muletazos diestros trazados con hondura y verdad. Un toreo con la derecha de mano baja, hondo y ligado, rematados con notables pases de pecho. Excelso toreo en redondo y una izquierda venida a menos que enfrió el ambiente de un público disperso y a la huida del refugio ante la lluvia. Estuvo bien Moral, pero debió estar mejor con tan ideal toro. Una estocada contraria, asegurada con un descabello, no fue suficiente para que la gente, en otra cosa, flamearan sus pañuelos. Él, por su cuenta, dio la vuelta al ruedo.

El primero fue un toro noble de escasa casta con el que el sevillano de Los Palacios mostró sus intenciones yéndose delante de la puerta de chiqueros para esperar de rodillas y trazar una larga cambiada complicada al quedársele el toro parado a mitad de trazo. La lidia fue toda una demostración de actitud y del constante interés de Moral por dominar unas acometidas reservonas que acabaron al pararse el toro por completo. Lo finiquitó de estocada.

La bien presentada corrida de Alcurrucen, de bonitas hechuras y variado pelaje, adoleció de casta. Sin embargo, hay que destacar también el segundo, un toro venido a más con el que Lama de Góngora tuvo momentos importantes con la mano derecha alcanzando el estimable ajuste, el temple deseado y la ligazón. Fueron series diestras de singular atractivo y algunos naturales de frente para recordar. Un pinchazo antes de la estocada malogró el triunfo que parecía ya obtenido. La oreja concedida sobró.     

Paco Lama es un torero extremadamente sensible que parece rezumar torería por cada poro, capaz de hacer suyo el toreo antes de entregárselo a la gente, y así lo quiso mostrar con el buen inicio de faena que le ejecuto al quinto. Pero con este toro no dijo nada, le fue imposible. Nula casta y un marmolillo en el ruedo. De pinchazo y estocada lo finiquitó.

Fabio Jiménez llegó de nuevo -esta vez ya como matador de toros- con el sueño convertido en la realidad de estar donde quería estar. Sabía de la importancia de pisar el albero icono de su más deseada plaza. Por esto, y porque también hay razones de fondo para volver a tan esperada cita, tenía la necesidad del triunfo. Y lo buscó ante un lote infame sin poderlo conseguir. No obstante, fue todo lo hecho una declaración de intenciones que explicó muchas cosas, aunque la más importantes no se deducen, sólo se intuyen. Su toreo desveló una atractiva vena clásica y una sólido saber estar delante de la cara del toro. Tuvo signos evidentes en el hacer de una lidia que no pudo fructificar por las nulas posibilidades de triunfo que le ofrecieron su dos toros, complicado, sin pasar el tercero, y sin gota de casta el sexto. De todas formas, el poco toreo ofrecido dio como resultado una cada vez mayor y más consciente voluntad de verdad. Mató de estocada a su primero y al último lo mandó al desolladero de dos pinchazos y estocada.

PD. Una batucada de antitaurinos molestaban y provocaban, con sus repetitivos y altisonantes eslogan, a los aficionados que acudían a la Maestranza. Y lo hacían muy cerca de las puertas del coso sevillano. Urge a la Junta de Andalucía dictar normas para que estos provocadores muestren su descontento en zonas alejadas de la plaza de toros, antes que ocurra una desgracia.