15ª feria de abril

Miuras bravos en el caballo y complicados para el toreo

Escribano le cortó la oreja al cuarto tras notable estocada. Román fue ovacionado.

Arjona / Lances de Futuro

Manuel Escribano ante el cuarto toro de Miura, al que cortó una oreja

Redacción Toros

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Manuel Viera

No resulta fácil determinar si hizo fácil lo difícil o, al contrario, difícil lo fácil. Sin llegar a ese punto medio donde el toreo pasa a ser emotivo. Y es que a pesar de las insulsas embestidas por la alarmante falta de fuerzas del cuarto miura de la tarde le fue posible trazar el natural con esa sensibilidad con la que acabó imponiéndose. Fueron contados, pero de esos que ilustran la calidad de cada trazo. Auténtica la ejecución: temple, ritmo y profundidad en el lento avance. Supo a poco lo dicho por Escribano durante un lidia de altibajos motivada por la invalidez del toro. Los detalles finales de trincheras y cambios de mano finiquitaron un toreo aderezado por la obligada portagayola y ese tercio de banderillas en él usual. La estocada bien valió la oreja.

En este otro caso la faena al primero, con un punto de violencia en sus acometidas, le fue difícil e intensa de realizar. Topaba el toro, y tampoco pasaba. Un tira y afloja, ora con la derecha, ora con la izquierda, hasta conseguir ese punto emotivo de equilibrio expresivo. Una lidia abierta de hinojos delante del portón de chiqueros y continuada con la espectacularidad de las banderillas del diestro de Gerena. La estocada resultó caída.

El quinto toro tuvo sus peligros, pese a la bravura mostrada en el peto del caballo del picador. Por un lado, salvo algunas excepciones, las embestidas no tuvieron márgenes para el lucimiento. Por otro lado, la definición expresiva de Pepe Moral fue casi imposible. No hubo posibilidad de dibujar un trazo nítido. Todos resultaban ligeros y nerviosos ante las complicadas acometidas de un toro que se revolvía con saña de cogida. El caso es que pese al esfuerzo nada consiguió, pese a que su toreo es un continuo encuentro con la verdad. Verlo implica emoción y algo más. Un morbillo por aquello de traspasar el propio valor. Hoy no tuvo opción.

Tampoco con el segundo lidiado como sobrero. Otro toro de nula calidad en sus embestidas, distraído y sin humillar en las telas, al que recibió delante de chiqueros con un ramilletes de lances a la verónica intensos y muy jaleados por el público. Los intentos de faena, de esos que ilustran el valor de un torero, resultaron complicados. No obstante resolvió momentos con algún que otro muletazo diestro con el temple acostumbrado a pesar de las molestias que le causó el viento. Con la espada, mal.

Lo primero que cautiva de Román es el valor. Valor y buen gusto que se funden con una perfección frecuente en el toreo del valenciano. La lidia realizada al buen miura lidiado en tercer lugar tuvo su mérito. Faena emotiva, de mano baja, de largos y profundos muletazos diestros y, sobre todo, muy ligado. El diestro de Valencia tiene unas formas de decir el toreo que gustan. No ha de extrañar que su toreo haya destacado dentro de una tarde comandada por no más de ramilletes de naturales de mano baja y profundidad sin tiempo.

También tuvo emoción la lidia del peligroso sexto. Un toro muy bravo en el caballo, que repitió y acudió al cite de largo y que, después, fue un verdadero peligro en la muleta del valenciano. Román no renunció a jugársela , aunque descubrió muy pronto el lado más oscuro de unas embestidas imposibles. De un espadazo lo fulminó.