11ª feria de abril
David de Huelva, Príncipe de Sevilla
El onubense abre la Puerta del Príncipe cortando tres orejas. Notable corrida de El Parralejo con un tercero de vuelta al ruedo.
David de Miranda, saliendo a hombros por la Puerta del Príncipe de Sevilla
Publicado el - Actualizado
3 min lectura
Sevilla ya tiene dueño en esta Feria. Y habla con acento de Huelva. David de Miranda firmó una tarde de las que marcan época en Real Maestranza de Sevilla, abriendo de par en par su segunda Puerta del Príncipe tras una actuación rotunda, maciza, de compromiso sin reservas. Tres orejas para coronar una historia que tuvo como gran aliado un encierro serio y con fondo de El Parralejo, del que destacó con luz propia el tercero, premiado con la vuelta al ruedo.
Desde que pisó el albero se percibía algo distinto. Había en De Miranda una determinación seca, sin adornos, como quien acude a una cita que no admite demora. Y esa verdad se hizo carne ante el tercero, un notabilísimo astado que empujó con poder en varas y que tuvo codicia, recorrido y emoción. El onubense lo entendió desde el inicio, planteando una faena de gobierno y temple, asentada en los medios y con una firmeza que fue creciendo por momentos.
La diestra marcó el pulso, pero fue la zurda la que terminó de desatar el delirio. Naturales largos, desmayados, dichos con hondura y sin estridencias, ligados con un sentido del ritmo que envolvió a la plaza. Todo fluyó con naturalidad, con ese punto de abandono que separa lo bueno de lo grande. La estocada rubricó una obra de máxima altura, premiada con las dos orejas mientras el toro recibía el honor de la vuelta al ruedo. Sevilla ya estaba rendida aunque sobró una desaforada petición de rabo.
Quedaba rematar la obra y no se dejó nada dentro. En el sexto, más desigual pero con nobleza suficiente, volvió a mostrarse firme y entregado. Hubo un momento de tensión, incluso un aviso en forma de derrote seco, pero ni así perdió el sitio. Tiró de raza y convicción para construir una faena de menos a más, más intensa a derechas, rematada con unas manoletinas ajustadísimas que encendieron definitivamente los tendidos. Una oreja más cayó con fuerza, la llave definitiva de la Puerta del Príncipe.
A la sombra del huracán onubense, Diego Urdiales dejó detalles de su concepto sin terminar de redondear. El primero, encastado y exigente, se le fue sin encontrar el acople necesario, incómodo ante un toro que pedía mando firme. En el cuarto, de mejor condición, trató de recomponer la tarde con pasajes de calidad y poso, pero la obra no terminó de romper ni de calar del todo en los tendidos, quedándose en una labor estimable pero sin premio.
Emilio de Justo, por su parte, dejó lo más destacado de su actuación en el primero de su lote, donde planteó una faena medida, inteligente, sabiendo administrar las virtudes de un toro que no terminó de entregarse. Hubo momentos de buen gusto y temple, pero faltó continuidad para redondear. Su segundo, sin opciones, cerró cualquier puerta a mayores lucimientos.
Cuando el reloj marcaba las nueve de la noche, el festejo ya tenía nombre propio. David de Miranda salió a hombros mirando al Guadalquivir con Triana al fondo. Y Sevilla, que distingue como pocas plazas, lo elevó a lo más alto. Hoy, en la Maestranza, reinó un torero. Y fue de Huelva.