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¿Tienes problemas con tus vecinos? 4 de cada 10 personas tienen queja

El ruido es lo más molesto junto al impago de los gastos de comunidad

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Carmen Labayen
@carmenlabayen

Jefa de Sociedad, Nuevas Tecnologías y Casa Real en COPE

Tiempo de lectura: 6'Actualizado 06:39

4 de cada 10 españoles tienen problemas con sus vecinos. El ruido es según el Instituto Nacional de Estadística (INE) lo más molesto seguido del vandalismo y de la contaminación. El impago de los gastos de comunidad es por otra parte lo que más denunciamos. A pesar de los conflictos, la mayoría convive sin problemas con los demás propietarios e inquilinos.

El 60 por ciento de los españoles no tiene ningún problema con sus vecinos; al 22 por ciento le molesta el ruido tanto de sus vecinos como del exterior, el 14 por ciento sufre por la delincuencia y el vandalismo en su entorno; el 12 por ciento por la contaminación y otros problemas ambientales y el 10 por ciento se queja de escasez de luz natural en su vivienda, según recoge la Encuesta de Condiciones de Vida (ECV) del INE de 2020, la última publicada.

5 años antes, en 2015, las relaciones vecinales estaban bastante mejor de forma que eran el 73 por ciento los que, según esta estadística, no tenían ningún problema con sus vecinos y también se registra un retroceso con respecto a 2010 cuando más del 67 por ciento estaba satisfecho con la convivencia entre vecinos. El último registro es sin embargo mejor que los que refleja la ECV entre 2004 y 2007 cuando eran menos de 6 de cada 10 los satisfechos con el resto de los moradores de su vivienda.

Beatriz Chico no tiene que pensarlo mucho para decir que en su inmueble hay 12 pisos y que, aunque hay cierto movimiento por cambio de inquilinos, los vecinos se conocen “nos saludamos en el portal, nos cruzamos, sabemos quiénes son ellos y sus familias, si necesitan algo o no y a veces les invitamos a tomar el aperitivo a casa o nos invitan ellos”.

Tiene 56 años, vive en el barrio de Jéronimos en Madrid y admite que no todo es fácil en la convivencia. En su caso y al tratarse de un barrio antiguo llevan más de un año soportando las molestias por constantes remodelaciones en el inmueble: “la última obra está siendo horrorosa, llevamos más de un año y aún no ha terminado, pero hemos logrado llegar a ciertos acuerdos sobre los horarios y, en este caso, los ruidos son inevitables”.

A juicio de Lautaro Moreiro de 21 años y de origen argentino, sus vecinos tienen una escasa tolerancia al ruido. Cuenta a COPE que hasta en 3 ocasiones y, sin previo aviso, han llamado a la policía por tener la música alta por la noche. Asegura que también le mandan callar cuando, con la ventana abierta, conversa durante la cena con sus padres: “me fastidia que a los vecinos les moleste tanto el ruido cuando nosotros hablamos normal”.

En el último piso de su inmueble en el barrio madrileño de Lavapiés vive Diego Villanueva de 28 años. En el edificio están poniendo ascensor y al vivir en el quinto ha tenido que acceder a pagar más porque así lo han exigido los vecinos que ocupan las primeras plantas. Pese a ello considera que las relaciones con sus vecinos, sin llegar a irse de cañas, son cordiales. La mayoría se conocen y se saludan.

“Nos cruzamos en la escalera y entre vecinos nos ubicamos. Quizás menos con los de la corrala que está detrás de nuestro edificio porque no tenemos espacios comunes. En alguno de esos pisos sí veo trajín y cambio de personas por lo que no me extrañaría que fueran pisos turísticos”, nos cuenta. Otro de los problemas que relata es que los comercios situados en la planta baja del edificio no quieren pagar los gastos de comunidad.

La morosidad es según explica en COPE Alberto Torres, presidente de la Sección de Arrendamientos Urbanos y Propiedad Horizontal del Colegio de Abogados de Madrid, el principal motivo de litigio entre vecinos. Un problema que, según señala, “va a más gradualmente, pero de forma importante en los últimos años y que empeora en cada crisis económica porque en situaciones de precariedad una familia opta antes por dejar de pagar los gastos de comunidad que la hipoteca”.

Considera Torres que lo ideal es recurrir a la mediación para resolver los problemas entre vecinos. Reconoce que: “a veces no es posible y se recurre a los tribunales donde debido a la situación de colapso la solución tarda mucho en llegar, en torno, a 1 o 2 años para que una comunidad de propietarios pueda recuperar la deuda de un vecino moroso algo que, en ocasiones, no se consigue ya sea porque la persona demandada tiene otros acreedores que son preferentes como ocurre, por ejemplo, con la administración o porque se declara insolvente y lograr liquidar o aplazar el pago”.

El ruido y el uso indebido de los espacios comunes son, según señala este abogado experto en derecho inmobiliario, son otros de los problemas que más dañan la convivencia. Es más complejo que lleguen a los tribunales, subraya, porque “se exigen muchas pruebas y no siempre son fáciles de conseguir”.

Considera suficiente la normativa que regula el funcionamiento de las comunidades de vecinos y recomienda ir a las reuniones y convocatorias para participar de las decisiones, aunque admite que también son a veces fuente también de litigio y de peleas entre vecinos.

A su juicio lo que falla es más bien la educación y la actitud de algunos vecinos que no respetan a los demás y es que, según subraya, “de poco sirve poner carteles si hay vecinos que incumplen sistemáticamente las normas”. Entre las más recientes están las restricciones a los llamados apartamentos turísticos que muchos no están respetando.

El de las viviendas turísticas es un grave problema “no solo por las borracheras de esos ocupantes temporales y por las molestias que implican sus constantes entradas y salidas o incluso por el ruido de las maletas por las calles y las escaleras sino porque no es posible tener con ellos ningún tipo de relación estable” lamenta Pedro Uceda, profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología, miembro del Grupo de Investigación de Sociedad, Medio Ambiente y Territorio (GISMAT) de la Universidad Complutense de Madrid.

Para Uceda estos alquileres turísticos tienen otras consecuencias negativas y es que acaban expulsando de sus barrios a la parte más vulnerable de la población “esas zonas que se adaptan a las demandas y al presupuesto de los turistas y los comercios locales como las panaderías se convierten en cadenas internacionales tipo Starbucks, inaccesibles para los moradores locales que deben moverse a las afueras de la ciudad lo que convierte el centro en hoteles gigantescos solo aptos para turistas y rentas altas”.

A su juicio es necesario que la administración invierta más en potenciar los espacios comunes permitiendo acceder gratuitamente a polideportivos y a centros culturales bien gestionados y en fomentar las redes y las asociaciones de barrio y las relaciones sociales y todo para evitar la soledad no deseada y que “cada cierto tiempo veamos en las noticias que encuentran a una persona que llevaba días muerta en su casa, una persona a la que nadie ha echado en falta y esto es un problema muy grave para una sociedad que se supone que es sana, amable y cercana”.

Vivimos, según recalca este sociólogo, en un mundo cada vez más individualista y en el que los valores están cambiando y somos menos cercanos y solidarios, miramos cada vez más el reloj en las relaciones sociales y esta forma de vida contribuye a que las relaciones entre vecinos sean más distantes “los nuevos desarrollos urbanísticos, estos de manzana cerrada con piscina de los que sales en tu coche para ir al trabajo directamente desde el garaje sin ver a nadie no fomentan precisamente los lazos vecinales”.

Según recoge el “Índice de Satisfacción Residencial” del Grupo Mutua Propietarios, 1 de cada 4 españoles califica con un suspenso la relación con sus vecinos; el 23 por ciento admite que habla raramente con ellos y un 22 por ciento alguna vez al mes, mientras que un 48 por ciento afirma que solo conoce el nombre de alguno de sus vecinos y un 10 por ciento de ninguno.

Publicado en septiembre también refleja que 4 de cada 10 encuestados afirma que nunca ha colaborado con sus vecinos y 3 de cada 10 asegura no haber participado nunca en reuniones con otros miembros de su comunidad. Pese a ello también recoge que el 74 por ciento nunca ha efectuado quejas formales contra otros inquilinos o propietarios.

Y es que según recuerda Uceda, en línea con los datos del INE, que las relaciones entre vecinos son generalmente buenas tanto por tradición histórica con las dinámicas que se instalaron cuando la gente emigró del campo a la ciudad como porque, como otros países del sur de Europa, somos familiares “nos gusta vivir cerca de nuestra familia y este tipo de estrategias residenciales fortalecen el tejido social de cercanía, de lo cotidiano, de la proximidad. Es verdad que, con el cambio social y las jornadas laborales tremendas y las dificultades que implica la movilidad de las grandes ciudades, las relaciones se están transformando y no digo que sean peores, pero sí son diferentes.

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