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DIETA PREHISTORIA

El Neolítico trajo un mayor consumo de carne bovina y de cereales en Europa

Investigadores del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES) y de la Universidad Rovira i Virgili (URV) de Tarragona han analizado la evolución de la dieta de las primeras comunidades agrícolas y ganaderas de centroeuropa y han revelado un aumento del consumo de carne bovina y de cereales hace 7.000 años.,El trabajo, que publica hoy la revista 'Scientific Reports', se ha centrado en la gran planicie húngara, una importante área arqueológica, z

Agencia EFE

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 12:51

Investigadores del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES) y de la Universidad Rovira i Virgili (URV) de Tarragona han analizado la evolución de la dieta de las primeras comunidades agrícolas y ganaderas de centroeuropa y han revelado un aumento del consumo de carne bovina y de cereales hace 7.000 años.

El trabajo, que publica hoy la revista 'Scientific Reports', se ha centrado en la gran planicie húngara, una importante área arqueológica, zona clave en el desarrollo de la agricultura y ganadería en Europa y punto de encuentro de culturas europeas provenientes del este y del oeste.

Hasta ahora había pocos estudios sobre la dieta de las personas que vivieron en aquella planicie durante la Prehistoria.

Ahora, este estudio transdisciplinario aporta nuevos datos sobre la evolución de la dieta de las primeras comunidades agrícolas y ganaderas que vivieron en la gran planicie húngara durante el Neolítico Medio (hace aproximadamente 7.000 años) y hasta el final de la Edad del Bronce (hace unos 3.000 años).

Según la investigación, en este período hubo importantes cambios en las prácticas de subsistencia alimentaria (agricultura y ganadería).

"Con la llegada de la nueva metalurgia en bronce, procedente de las estepas del este, hubo también cambios en la intensificación de prácticas agrícolas, las sociedades fueron cada vez más jerárquicas y los asentamientos respondieron a patrones más fortificados", ha comentado Raquel Hernando, coautora del estudio.

"Todo esto tuvo implicaciones en los modelos de subsistencia de las poblaciones humanas del momento", ha puntualizado Beatriz Gamarra, coautora también del artículo junto con investigadores de diferentes centros y universidades de Irlanda, Austria, Portugal y Hungría.

Los investigadores han descubierto que, en comparación al resto de períodos, en el Neolítico Medio hubo un consumo de alimentos menos abrasivos o más procesados, como carne y cereales -trigo, cebada o espelta-

También han observado que en el Neolítico Medio hubo más variabilidad de alimentación y que en la edad del Bronce Medio se avanzó hacia una mayor explotación e ingestión de cereales, como el mijo.

Los investigadores han utilizado dos técnicas complementarias: el análisis de los isótopos estables y el microdesgaste dental de los restos de los mismos individuos.

"La novedad de nuestro trabajo es que, gracias a la riqueza del registro arqueológico húngaro, hemos podido emplear las dos técnicas en los mismos individuos, cosa muy poco aplicada en investigaciones anteriores", ha puntualizado Hernando.

La microestriación identificada en los molares indica la abrasividad de la dieta y el procesamiento previo de los alimentos, mientras que la isotopía informa del origen proteico de los alimentos ingeridos.

Los investigadores han analizado un total de 89 individuos descubiertos en 17 yacimientos diferentes, de diferentes cronologías y pertenecientes a las colecciones del Museo Herman Ottó (Miskolc, Hungría).

"De cada individuo, hemos utilizado sus dientes (primeros y segundos molares) para estudiar la microestriación dental, elementos poscraneales para la isotopía, y el hueso petroso (oído interno) para analizar el ADN antiguo y ver su sexo", ha especificado Hernando.

Estudiando el microdesgaste dental y las estrías y agujeros en los dientes, los investigadores deducen la abrasividad del alimento ingerido o su procesamiento previo.

Con los isótopos, los investigadores pueden determinar la composición bioquímica de los alimentos ingeridos que se conserva en los tejidos y, a partir del colágeno de los huesos, calcularon las fracciones isotópicas del carbono y el nitrógeno, indicativas del origen de la proteína consumida durante el individuo años antes de su muerte.

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