Un rey que viene a traer paz
El Papa ha vuelto a pedir este domingo a todos los implicados en la guerra de Oriente Medio que depongan las armas y que recuerden que son hermanos
Madrid - Publicado el - Actualizado
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Como hemos conocido con profundo pesar, por primera vez en siglos se ha impedido la celebración del Domingo de Ramos en la Iglesia del Santo Sepulcro de Jerusalén, en una medida que a todas luces parece desproporcionada.
En este contexto tan complejo, el Papa ha vuelto a pedir este domingo a todos los implicados en la guerra de Oriente Medio que depongan las armas y que recuerden que son hermanos.
En una abarrotada Plaza de San Pedro, León XIV nos ha recordado, durante la liturgia del Domingo de Ramos, que Jesús de Nazaret se presenta ante nosotros como Rey de la paz y que permanece en la mansedumbre, mientras los demás se agitan en la violencia. Se ofrece como una caricia para la humanidad, mientras los otros empuñan espadas y palos.
Es la luz del mundo, mientras las tinieblas están a punto de cubrir la tierra. Jesús no se defendió, no libro ninguna guerra, sino que mostró el rostro manso de Dios, que siempre rechaza la violencia y que en lugar de salvarse a su mismo se dejó crucificar para asumir las cruces de todos los crucificados de la historia. El Rey de reyes que, como celebramos esta semana, vino a traer vida mientras se urdía el plan para condenarlo a muerte. El hijo de Dios que con su vivo ejemplo nos muestra hasta qué punto resulta intolerable instrumentalizar a Dios para justificar la guerra.