Realismo ante los conflictos
Como ha recordado León XIV, se pierde el realismo cuando nos hacemos una representación parcial del mundo dominado por las tinieblas
Madrid - Publicado el
1 min lectura
La Guerra en Irán, como la de Ucrania, tiene una magnitud que nos hace caer en la cuenta de un momento marcado por la violencia. Pero antes del ataque a Irán y de que Putin invadiera Ucrania, ya vivíamos numerosos conflictos. África está marcada por el terrorismo del Sahel, la guerra civil en Sudán y los enfrentamientos en los Grandes Lagos. Afganistán está lejos de estar pacificado y las tensiones con Pakistán ha aumentado, en Myanmar hay una guerra civil en curso, como en Yemen. No solo hay choques entre Estados, hay numerosos enfrentamientos entre agentes no estatales y un peso importante de organizaciones criminales con gran capacidad de destrucción.
A mitad del siglo XX, los horrores de las dos Guerras Mundiales dieron lugar a un sistema multilateral que sirvió, con todos sus errores, para que la fuerza no fuese la última palabra. Ahora ese multilateralismo y organizaciones como Naciones Unidas parecen piezas inútiles de museo.
El optimismo ingenuo que hablaba del fin de la historia y de la llegada de un reino de prosperidad universal basado en el libre mercado ha fracasado. Pero el pesimismo ciego también es irracional. La cifra de ataques terroristas, por ejemplo, está en el nivel más bajo de los últimos 20 años. El número de personas que sufren hambre en el mundo ha vuelto a descender después del paréntesis de la pandemia. Como ha recordado León XIV, se pierde el realismo cuando nos hacemos una representación parcial del mundo dominado por las tinieblas. Como ha dicho recientemente el cardenal Pizzaballa desde Jerusalé os n, “hay madres que tienen esperanza, padres que trabajan, niños que juegan, ancianos que rezan”. Hay muchos que eligen construir, amar y perdonar.