El presidente no puede llevar una pancarta
Ha comparecido para dejar claro que su única propuesta en este delicadísimo momento es “¡No a la Guerra!” como eslogan
Madrid - Publicado el
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La prudencia es una virtud reservada a quienes gozan de un carácter fuerte y una visión clara del mundo que les hace capaces de afrontar con realismo circunstancias complejas y desafiantes. Los prudentes son realistas, no dogmáticos y, por supuesto, no permiten que las filias y las fobias guíen sus decisiones. La prudencia es una de las grandes virtudes de la política y una obligación en momentos de especial peligro. Lo contrario del político prudente es el político aventurero. Pedro Sánchez es un aventurero. Sánchez no es un ciudadano común, sino el presidente de un Gobierno que tiene la obligación de velar por los intereses del pueblo español, velar por la seguridad de España y tomar decisiones en el marco institucional internacional del que formamos parte. El presidente ha comparecido para dejar claro que su única propuesta en este delicadísimo momento es “¡No a la Guerra!” como eslogan.
Los socios europeos se reúnen, analizan y hacen propuestas. Sánchez, como si de un activista se tratara, solo se opone. Se opone dialécticamente a Trump porque eso le convierte en una figura jaleada por una izquierda a la que necesita movilizar; y rechaza la actual guerra en Irán, cuestión abierta y compleja en la que podemos coincidir, pero que merece un análisis y un debate mucho más profundo que la pancarta para una manifestación. Como político, Pedro Sánchez ha revelado en muchas ocasiones que es incapaz de formular propuestas constructivas que reúnan a diferentes actores. Lo ha demostrado en la política interna y lo demuestra en la política internacional. Lo primero nos ha llevado a la confrontación interna, lo segundo nos lleva al aislacionismo y al descrédito internacional.