Oleada de protestas en Irán
Un país instalado desde hace muchos años en la disociación entre un régimen represivo y una población que no le apoya, entre un confesionalismo chiita y una galopante secularización
Madrid - Publicado el - Actualizado
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Durante el fin de semana las protestas en Irán han aumentado y, a la par, se ha incrementado la represión del régimen de la República Islámica. Ya hay cientos de muertos y miles de detenidos. Esta vez las protestas han estallado por motivos económicos. Pero además de la crisis económica, hay otras crisis: la medioambiental, la social, la de seguridad y la de legitimidad. La represión gubernamental ha bloqueado el acceso a Internet en todo el país, intenta detener así las manifestaciones. Si las protestas económicas se extendieran a las poblaciones rurales y a los sindicatos, podrían convertirse en un desafío más duradero. Pero eso no está ocurriendo y el movimiento que está sacando gente a la calle no está organizado ni tiene un líder.
La diferencia respecto a 2022, y lo que hace que todo lo que está ocurriendo sea especialmente peligroso para la República Islámica es el contexto internacional: la presión sobre Irán es mucho mayor y Teherán se encuentra significativamente debilitada por el conflicto en Oriente Medio. La destitución de Maduro ha privado a Teherán de uno de sus pocos aliados. El programa nuclear, ralentizado por la guerra de los 12 días en el pasado mes de junio, hace que Irán tenga menos capacidad disuasoria frente a un ataque exterior. Pero un ataque desde el exterior desestabilizaría aún más la región.
Irán es un país instalado desde hace muchos años en la disociación entre un régimen represivo y una población que no le apoya, entre un confesionalismo chiita y una galopante secularización. El cambio tiene que vertebrarse desde dentro sin que haya que descartar la presión internacional.