Por qué ya no se habla de Nicaragua

En Nicaragua hace tiempo que no queda prensa libre y la represión se ha extendido de forma implacable a los medios en el exterior

Redacción digital

Madrid - Publicado el - Actualizado

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La pareja presidencial nicaragüense arrancó 2026 con la liberación de decenas de presos políticos. Todavía en enero el FMI alababa su gestión y la estabilidad económica del país, que entre tanto prestaba toda su colaboración a Donald Trump para la deportación de miles de nicaragüenses, gran parte de los cuales se habían exiliado en EE. UU. huyendo de la persecución política. La cárcel era lo que les esperaba a muchos a su regreso, pero de este tema apenas se ha vuelto a hablar. Ni de las expulsiones de sacerdotes y religiosas, o del cierre de miles de ONG. En Nicaragua hace tiempo que no queda prensa libre y la represión se ha extendido de forma implacable a los medios en el exterior. Lo ha denunciado esta semana un informe de Reporteros Sin Fronteras y Las Exiliadas Nicas, que documentan ataques a periodistas exiliados en países como España o EE. UU.

El silenciamiento de voces incómodas es una especialidad de la pareja presidencial, que en unos meses celebrará veinte años de poder interrumpido con una recién aprobada constitución que ha barrido cualquier atisbo de división de poderes en Nicaragua. En cuanto a la economía, efectivamente, va bien. La macro. Gracias a las remesas de los exiliados y a las exportaciones de oro y otras materias primas a EE. UU. Y gracias sobre todo a las fuertes inversiones chinas, precedidas de expropiaciones, expulsiones de comunidades indígenas y permisos para la explotación de selvas y tierras de alto valor ecológico. Todo documentado por la ONU y numerosos informes independientes, pero de esta otra realidad en Nicaragua apenas se habla ya.

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