Si la muerte es la solución a los problemas, todo está permitido

Conocemos las circunstancias que han rodeado el caso de Noelia, pero hay muchas otras personas en situaciones también muy duras

Redacción digital

Madrid - Publicado el

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La Conferencia Episcopal dio ayer el paso de intervenir en el debate suscitado por el suicidio asistido de una joven de 25 años. Apenas unas horas de que se consumara la decisión de esta mujer, los obispos mostraban su cercanía y afecto a esta mujer y a su familia. Este posicionamiento no es una fórmula de cortesía social, sino la opción que defiende la Iglesia y el sentido de humanidad de cualquier persona sensata, frente a actitudes frívolas o motivadas por espurios intereses ideológicos.

La muerte de Noelia, subrayan los obispos, no se reduce a una cuestión de “autonomía individual, sino que exige una mirada más honda, capaz de reconocer el peso del sufrimiento psicológico, la soledad y la desesperanza”. Situaciones como la de esta joven, de dolor físico, psicológico y moral, son mucho más comunes de lo que nos gustaría admitir. 

Conocemos las circunstancias que han rodeado el caso de Noelia, pero hay muchas otras personas en situaciones también muy duras. 

Y la respuesta a su dolor no puede ser la ley de eutanasia. En un contexto cultural al que le cuesta convivir con la realidad de la fragilidad humana, el mensaje que queda tanto para ellas como para la sociedad en su conjunto resulta demoledor. 

“Si la muerte provocada es la solución a los problemas, todo está permitido”, resumía el presidente del episcopado, el arzobispo Luis Argüello. El sufrimiento de Noelia efectivamente “estremece”. Pero la compasión a quien sufre no puede consistir en ofrecerle adelantar su muerte, sino más acompañamiento y apoyo integral.

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