Madrid - Publicado el - Actualizado
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Todavía no sabemos cuántos serán los migrantes que van a regularizarse en el proceso extraordinario que ha comenzado esta semana. Estamos hablando seguramente de más de 500.000 regularizaciones. Todos los años, desde el fin de la pandemia, la población migrante en España ha aumentado de forma regular en 600.000 personas, no estamos por tanto ante algo desproporcionado. La población migrante, sin tener en cuenta a los que ya han conseguido la nacionalidad, representa en este momento el 23 por ciento de los trabajadores y el 18 por ciento del total de los que vivimos en España. El que se conoce como efecto “llamada” está provocado porque nuestro país demanda mano de obra, ofrece trabajo.
Todas estas cifras, todas estas personas, suponen un reto para la integración. El grupo mayoritario está formado por migrantes latinoamericanos y eso facilita las cosas. Pero no podemos pensar que España está a salvo de los problemas que ha provocado la falta de integración en Alemania y Francia. La integración se hace posible con una identidad capaz de aceptar y protagonizar el proceso de mestizaje que, de hecho, ya se está produciendo. Y la integración se hace posible con políticas sociales que eviten bolsas de pobreza o barrios condenados a la marginación como los que existen en las afueras de Paris. Por esa la llamada “prioridad nacional” de la que se tanto se ha hablado es un profundo error. Los migrantes ya están aquí y van a seguir viniendo. Si los discriminamos a la hora de darles ayudas no solo cometemos una injusticia y una ilegalidad, hacemos mucho más difícil la integración.