Hay otras formas de morir y de vivir
Hay, ciertamente, enfermos incurables, pero ninguno “incuidable” y esa debería ser la brújula de una sociedad que pretenda tener algún futuro
Madrid - Publicado el - Actualizado
1 min lectura
Además de todo lo que se ha dicho ya sobre el tristísimo caso de Noelia, la joven con depresión a la que se le ha aplicado la eutanasia, corremos el riesgo de que casos como este queden como paradigma en el inconsciente colectivo, no solo cada vez más posibles, sino cada vez más deseables, sobre todo por el aire de triunfo con el que se ha presentado institucionalmente.
Hay, sin embargo, otras formas de morir y de afrontar la vida. Y no dan igual unas que otras, no se reduce todo a mera voluntad individual, sino que las que apuestan por el sentido son objetivamente más valiosas que aquellas que, sin entrar a juzgar conciencias, se ven arrastradas por la cultura de la muerte.
Esta mañana en "Herrera en COPE" hemos podido escuchar uno de esos testimonios valiosos, que representan a la mayoría de las personas con graves sufrimientos que apuestan, no sin dificultades, por la vida. Judith sufrió una vida de enormes penalidades, entró en una espiral de autodestrucción y a los 19 años consideró que la eutanasia era el único camino. Providencialmente, apareció en su vida una psicóloga del Instituto Gulmant, el hospital de rehabilitación. Hoy Judith, con 28 años y embarazada de 4 meses, afronta una vida radicalmente distinta y quiere dar testimonio agradecido por ello. Como ha dicho monseñor Luis Argüello esta misma mañana, también en COPE, el que pueda pensar que provocar la muerte es la solución a los problemas, muestra un criterio moral tremendo a partir del cual se puede justificar todo. Hay, ciertamente, enfermos incurables, pero ninguno “incuidable” y esa debería ser la brújula de una sociedad que pretenda tener algún futuro.