La eutanasia de Noelia, un fracaso colectivo
El caso de Noelia, por desgracia, pone de manifiesto que una sociedad que mide su progreso por la libertad de morir
Madrid - Publicado el
1 min lectura
Este jueves, y después de que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos desestimara paralizar el proceso, a Noelia, una joven de 26 años de Barcelona, le será practicada la eutanasia. Noelia es parapléjica y su historia, solo puede suscitar compasión. Nacida en un contexto singularmente vulnerable, su vida ha estado atravesada por un sufrimiento que no puede dejar de interpelarnos colectivamente. Que el Estado se preste a facilitar su muerte es el último capítulo de un fracaso compartido que nunca deberíamos aceptar. Que alguien quiera acabar con su vida es siempre una tragedia.
El número de circunstancias dolorosas que pueden darse en una biografía es casi innumerable, y la enfermedad, sin duda, es una prueba que desafía el sentido mismo de la existencia. Sin embargo, abandonar a los más débiles y ofrecerles como salida la muerte asistida constituye una derrota ética de nuestra comunidad moral.
España, un país económicamente próspero, lleva demasiado tiempo fallando a quienes están abocados a vivir en situación de dependencia. Al dolor de quienes sufren solo puede responderse con cuidado, acompañamiento y prestaciones sociales a la altura de la dignidad infinita de cada vida humana.
La eutanasia es un atajo falaz y cruel, ya que institucionaliza la renuncia a cuidar cuando más necesario es hacerlo. El caso de Noelia, por desgracia, pone de manifiesto que una sociedad que mide su progreso por la libertad de morir, y no por la calidad con que acompaña a los más vulnerables, no avanza moralmente, sino que retrocede.