línea editorial 11/3/2026
Europa y su proyecto
Las tensas relaciones entre la presidencia de la Comisión Europea y el presidente del Gobierno de España son una mala imagen de lo que deberían ser las relaciones entre actores políticos principales en el seno de la UE
Madrid - Publicado el
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Las tensas relaciones entre la presidencia de la Comisión Europea y el presidente del Gobierno de España son una mala imagen de lo que deberían ser las relaciones entre actores políticos principales en el seno de la Unión Europea. Y no porque no quepan las discrepancias, sino porque Europa no puede presentarse ante el mundo como una suma de partes que no parecen estar bien ensambladas.
Las relaciones del presidente del ejecutivo español con la presidenta de la comisión comenzaron siendo idílicas. O, al menos, eso parecía. Hoy, a pesar de haberlo negado, Sánchez es, junto a Orban, y por las mismas razones, una pesadilla para la presidencia de la Comisión. Los intereses electorales, que son sus intereses particulares, dominan al presidente del Gobierno. Por eso va por libre y con una agenda propia. La presidencia de la Comisión, por su parte, tiene el deber de coordinar y cohesionar, de mostrar y demostrar su fe en el proyecto que lidera desde la Comisión.
El atlantismo de Von der Layen no puede ser ni seguidismo ni falta de criterio. Es verdad que las posiciones de los Ejecutivos europeos no casan, pero precisamente por eso, ante los desafíos que Europa enfrenta, el deber de las instituciones europeas es consensuar, fortalecer y buscar a toda costa una posición común y coherente que ni condene a Europa a un triste y peligroso quinto puesto en el concierto internacional, ni convierta en irrelevantes el humanismo, el imperio de la ley y la democracia.